Elegir bien a nuestros Congresistas


Si no fuera tan serio lo que ocurre en nuestra querida tierra, nos reiríamos con ganas del circo desplegado por los malos políticos y empresarios. Pero no es así; lo que pasa en el Perú, ahora, es muy grave. En cualquier país civilizado o con una larga trayectoria democrática, los que cometieron delitos de corrupción estarían hace tiempo trás las rejas. Desde que tengo uso de razón, siempre he escuchado hablar que la bendita corrupción hacía parte integrante de la sociedad peruana. «El Perú es un organismo enfermo: donde se pone el dedo, salta la pus», decía Manuel Gonzáles Prada de la clase política peruana de su tiempo. Pero, en tiempos modernos, es a partir de la llegada del Aprismo y del Fujimorismo al poder, que la corrupción creció de una manera exponencial. Y muchas veces utilizando la religión. Digan lo que digan…

I) Hagamos un poco de historia. La aparición del Alanismo y del Fujimorismo hizo que el paisaje político cambie…más para mal que para bien.
a) El Alanismo, es el Aprismo deformado de ese gran partido que fue fundado por Víctor Raúl Haya de la Torre. El Futuro Diferente que Alan prometía en 1985 se convirtió en una pesadilla al final: especulación financiera, fuga de capitales y más corrupción…fue la marca de fábrica del Alanismo, con una hiperinflación jamás vista en nuestra Historia, la del país Inka. En ese contexto llegó Alberto Fujimori al poder, en 1990. No olvidar y recalcar: el Fujimorismo llegó al poder con el apoyo del Alanismo.

b) Fujimori utilizó la idea de presentarse como una agrupación de un chinito y cuatro cholitos. Su campaña con Cambio 90, en 1990, era lo contrario que proponía Mario Vargas Llosa. Fujimori ya era un populista y un demagogo. Llegando a la presidencia, hizo todo lo que Mario Vargas Llosa había prometido. Juzguen ustedes quién es el Pinocho. Algunos dicen que hizo muchas cosas buenas…pero eso fue borrado por sus malas acciones. En resumen: Lo bueno que hizo, lo hizo mal; y lo malo que hizo, lo hizo bien. Peruanos, despertemos y cambiemos, todos juntos, por un nuevo Perú. No olvidar: Fujimori vendió el Perú, y su familia se enriqueció. Acordarse al momento de votar.

II) Ahora es el verdadero cambio por un futuro diferente.
a) Cuando se tiene cáncer, la mejor manera de luchar contra esta enfermedad es de extirparlo del cuerpo. No eligiendo la gente y los partidos que contribuyeron a nuestro retraso económico, político, moral, social…es combatirlos. En enero estaremos votando por nuestros hijos, y los hijos de nuestros hijos. Y debemos seguir apoyando a los fiscales y jueces honestos. Poco importa quién caiga…dura lex, sed lex. No olvidarnos: Keiko es una versión más perniciosa que su padre. Perdonar sí; olvidar jamás.

b) El Alanismo y el Fujimorismo son etapas que deberíamos quitarnos de encima, lo más rápido posible. Cambiemos de Constitución, para que la Carta Magna no esté asociado al funesto personaje político, Fujimori. Yo acuso, frente al tribunal de la Historia, al Alanismo y al Fujimorismo de la situación que vivímos en el Perú. Y hago un llamado a los peruanos de buena voluntad que apoyaron al Fujimorismo, al Alanismo, de tomar consciencia y cambiar de opinión (creyentes o no)

No voy a decir por quién votar. Pero si puedo, y tengo el deber moral de decir, por quién NO votar: por los partidos Apro-Fujimorismo-Montesinistas.

Vayamos a las urnas, pensando en el Perú y en nuestro futuro, por un voto que no se pierda. Contra la corrupción y por el Perú, y solamente el Perú.
Pedro Emilio Torrejón Sánchez. Hoerdt, enero 2020.