Folklore selvático: “La garza banca” “El zorro y el puma”


El folklore es el conjunto de mitos, supersticiones, tradiciones que constituyen el acervo cultural de un pueblo. Como herencia del Romanticismo que revaloró las tradiciones populares, leyendas, baladas, etc., fue causa de gran consideración por los estudiosos. Nació como ciencia el S. XIX (1846) hizo que la curiosidad por lo popular se extendiese a otros países y otras materias como canciones danzas, fórmulas mágicas medicinales, creencias. En la actualidad abarca amplio campo y es auxiliar de etnólogos e historiadores. Escojamos dos muestras de nuestro rico folklore selvático.

LA GARZA BLANCA.
La imagen de blanca limpidez que contrasta con los ríos y pantanos donde se posa, y en medio del plácido silencio del paisaje nos da la impresión de una presencia femenina de blanquísimo traje, dueña de su mundo de espejos donde se mora encantada. La imagen, el hombre y la creencia, se vuelve una misma cosa en el paisaje selvático.

Cuando las garzas pasan volando con sus características …… nidos, los chamas obligan a los niños a tragar saliva, a fin de que no se atoren al comer pescado.

Por eso es que están tan bien acostumbrados a comerlos sin atorarse. La leyenda dice que la garza era una hermosa muchacha de vestido blanco muy hacendosa, por lo que su madre lo quería entrañablemente. Blanca comía toda clase de pescado con mucha facilidad por espinoso que fuera. Sin embargo sus hermanos, corroídas por la envidia y sin el menor escrúpulo, convencieron a un infame brujo para deshacerse de ella y así la convirtió en una hermosa garza y la condenó a vivir en las orillas de los lagos y ríos alimentándose de sardinas, chambiras y otros peces.

Y no se crea que el poblador sanmartinense es triste y melancólico. Sabe sobreponerse a sus penurias y sinsabores. Siempre tiene a la mano una frase ingeniosa, picante, una historia alegre, una sonrisa comprensiva y condescendiente. Liba su aguardiente, toma su masato mientras acompaña en la peonada, participando en el trabajo comunal, el choba-choba.

Es buen fabulador como lo demuestra en esta historia del zorro y el puma; como si nos dijera. “Ten cuidado con la astucia no es muy buena consejera, peor compañera. Recuerda que para un roto siempre hay un descosido”.

EL ZORRO Y EL PUMA
En la espesura de la selva un venado había en un manantial cuando un puma, de un salto mortal cayó sobre su victima y lo mató. Sació su hambre, sólo una parte escondió entre ramas y hojas secas para el atardecer, sin percatarse de que un zorro había observado todo desde un árbol. Bajó cuando habíase marchado la fiera y se dio un gran banquete. Con el estómago repleto, se alejó satisfecho a darse una siesta.

Terrible bramidos, llenos de ira lanzó el puma al descubrir el robo. Internándose en la espesura alcanzó a ver al zorro durmiendo plácidamente. Entonces se le ocurrió coger un manojo de pajas y astutamente se las pasó por la boca al bello durmiente.

Sintiendo el cosquilleo, semidormido, el zorro masculló; ¡quítense mascas que todavía estoy digiriendo la presa que le hurté al puma! La ira embargó con más furia al felino que se lanzó sobre él y lo devoró.