Cuatro mil millones de dólares en regalías desde 2004, pero poblaciones cercanas aún no tienen gas


producción de balones de gas

Planta de Camisea

El Consorcio Camisea entregó, desde el 2004 hasta el 2018, 4 mil millones de dólares en regalías a la región Cusco. Según la Ley del Canon, el 50% de regalías corresponde a los cusqueños, por ello este aporte está destinado directamente a las municipalidades y Gobierno Regional.

Durante este periodo de 15 años, el Estado peruano recibió en total 8 mil millones de dólares por parte del Camisea. Este monto representa cerca del 0.5% del PBI nacional gracias a la explotación del gas natural en Cusco, considerado el menos contaminante y la fuente de energía más limpia. Camisea, operado por Pluspetrol exploración y producción de gas natural y líquidos de los yacimientos San Martín, Cashiriari y Pagoreni

Gaseosas paradojas
El yacimiento de Camisea es la reserva de gas natural más grande del Perú y una de las más importantes del continente. Desde que se iniciaron las operaciones, el país ha dejado de emitir al ambiente más de 50 millones de toneladas de CO2 gracias al uso de un combustible más limpio.

Sin embargo, la población del sur sigue esperando, desde hace 15 años, gas barato. Por ejemplo, la población en la selva de La Convención-Cusco, donde nace el gas, paga 60 soles por un balón de diez kilos.

Tal como menciona un informe del diario La República, “los dueños del gas de Camisea, aquellos que viven donde brota el combustible, tienen que pagar casi el doble por ese balón que, en la ciudad de Cusco, cuesta 36 soles. Desde que empezó la explotación del gas en Camisea, en 2004, los convencianos y cusqueños sueñan con utilizar el gas limpio y barato. Han pasado 15 años y siguen esperando”.

¿Dónde estaría la razón de este problema?
Carlos Herrera Descalzi, exministro de Energía y Minas y responsable de la firma del contrato para la explotación del gas de Camisea, ha reiterado, en muchas ocasiones, que el contrato “se cambió para favorecer a intereses de particulares”.

“En el 2004, durante el gobierno de Toledo, se había regulado los precios para favorecer a los consumidores locales y prioridad del mercado interno. No se prohibía la exportación, lo que se decía es que tenía que haber enormes cantidades de gas para poder exportar. Eso no se hizo y luego hubo una serie de mentiras”, afirma Herrera Descalzi.

¿Pero por qué no baja el costo?
Humala se dijo que bajaría a 12 soles, algo que nunca ocurrió. La razón es simple para que se reduzcan precios el subsidio del Estado tendría que elevarse a 33 nuevos soles por balón, lo que le costaría al Estado US$1,100 millones al año.

El envase de 10 kilos tiene en Boli­via un precio de 2.8 dólares; en Brasil 9.4 dólares; en Chile 10.7 dólares; en Colombia 2.2 dólares; en Costa Rica 4 dólares; en Uruguay 10.3 dólares y en el Perú ahora está a 12 dólares.

En un país con reservas propias ¿Por qué el precio es alto?
Pluspetrol, empresa que produce cerca del 70% del gas licuado de petróleo (GLP) que co­mercializan las envasadoras en el país, vende a los peruanos el gas a precio de la paridad de exporta­ción. De esta manera, la única forma de cambiar esta tris­te realidad es revisar -de todos modos- el contrato del Estado con Pluspetrol para que fijen sus costos de producción y comercialización, pero no en función del precio internacional que tienen otras variables. Eso lo hacen todos los países que cuentan con cuen­cas gasíferas, que tienen un precio especial para su país y otro precio de exportación. Hay un agravan­te más, pues las empresas que envasan el gas en nuestro país, tienen que pagar un flete marítimo de Pisco a Lima que está fijado entre 60 y 80 dólares por tonelada, lo cual eleva aún más el precio.

Datos: Otro impacto importante de Camisea radica en la matriz energética: el 40% de la energía eléctrica de Perú se genera en base al gas producido en Camisea.

A pesar de lo indicado; el beneficio de su producción ha impactado directamente en la economía familiar de los peruanos, porque el gas natural es 57% más económico que la gasolina, y 50% más que el diésel. (Beto Cabrera)