¡Todo ha quedado chico! ¡Horror!


El sábado pasado asistí al hospital de ESSALUD, en Tarapoto, para recoger mis medicinas programadas y me encontré con un tumulto desorganizado en el área de Farmacia. Ni siquiera la última modernización del procedimiento de recojo de medicinas alivió el casi motín del momento. Es cuando muchos no tuvimos otra salida que exclamar nuestro horror. ¡Horror de horrores!

Esto que escribo y que podría a nuestros ultraneoliberales y también consultores suertudos parecerles una broma, es un asunto realmente serio y es el resultado de cómo concebimos el servicio del Estado y cómo entendemos la sociedad. O sea, las exenciones para los recontraprivilegiados y el afrecho para los demás. Y, obviamente, amigo lector, y alto funcionario desprevenido, ya deben haber comprendido lo que verdaderamente quiero decir. Se trata de la prevención, de la visión de futuro, de la eficiencia del gasto y del amor a la sociedad. Y nada más que eso y para entender esto no es necesario que usted tenga tres doctorados en Harvard y que su currículo tenga quince páginas siendo como lo es un verdadero analfabeto con títulos.

Quienes conocimos Lima desde mediados de los años sesenta del siglo pasado nos admiramos de las dimensiones de los hospitales que fueron construidos durante el gobierno del tarmeño Manuel Apolinario Odría Amoretti. Eran locales tremendamente funcionales y con grandes espacios y tanto que un poco más habríamos tenido que tomar un taxi para ir de la farmacia al dispensario, por ejemplo. Los políticos que decidieron las construcciones de estos hospitales, y los técnicos que elaboraron los expedientes técnicos, tuvieron visión y construyeron dichos establecimientos pensando en el futuro y en la gente. Previeron que la ciudad iba a crecer y demandaría más servicios y estos inmensos hospitales guardaron para el futuro áreas verdes y un sistema de mediana arborización. Comparemos esas infraestructuras con el actual Hospital de ESSALUD, de Tarapoto. Y es para llorar. Y estamos en la era de la competitividad, nos dicen. Nuevamente ¡Horror!

En los últimos años en la ciudad de Tarapoto se han construido locales de entidades públicas que, en menos de cinco años, ya dejaron de ser funcionales. En las horas de calor la sudoración de la gente hace de esos ambientes totalmente irrespirables. ¿Y por qué ocurre esto? Porque nuestros políticos de hoy, así como nuestros técnicos, se han corrompido mentalmente con los paradigmas de la competitividad, de la eficiencia del gasto. O sea, cuanto menos gastes y ahorres más, vas a resultar eficiente y te importe un carajo de la función social de las obras. El hospital de Essalud de Tarapoto, es uno de los ejemplos, aparte que en dicha entidad se necesita ya hacer una verdadera revolución, pero quienes la dirigen dirán que están en el mejor de los mundos.

Los servicios que presta ESSALUD han colapsado. Y esto es grave. Adaptando la frase de Clemenceau: “la responsabilidad de la modernización del servicio de salud no debe dársele a los médicos”. Sería como pedir que los abogados hagan la reforma de la justicia. ¿Me hago entender? Nuestras autoridades parecen tenerle odio a las entidades públicas con grandes áreas verdes y amenazan tugurizarlas trasladándolas a locales calcutizados y ¡en nombre de la modernidad. ¡Tercer horror!