Encrucijadas en el sistema previsional – Izquierda contra sistema de cuentas individuales


Durante el seminario “¿Cómo hacer un sistema de pensiones viable? Mercado laboral y ahorro”, organizado por la Asociación de AFP y la Universidad de Lima, el economista Elmer Cuba, de Macroconsult, señaló que la madre de todas las batallas para lograr un sistema de pensiones eficiente debería librarse contra la ley que permite el retiro al momento de jubilarse del 95.5% de los fondos previsionales acumulados por los trabajadores al Sistema Privado de Pensiones (SPP). Con la norma promulgada durante el humalismo, el desarrollo y fortalecimiento del sistema previsional fue anulado de un solo plumazo, transformando al SPP en un ahorro cualquiera.

El SPP es demonizado por la izquierda antisistema porque considera que el Estado es fuente de todas las soluciones. La izquierda colectivista plantea volver al sistema de reparto, que ha fracasado no solo en Perú sino en todo el mundo. Como todos sabemos, el modelo de reparto se basa en el aporte de los trabajadores a un fondo común con el que se financia las jubilaciones; mientras que el sistema del SPP, en el aporte de los trabajadores individuales a cuentas que se capitalizan.

Durante años, hasta antes de los noventa, el sistema de reparto “solidario” o caja única fue la “caja chica” del Ejecutivo. Los fondos aportados por los trabajadores, que debieron ser intangibles, sirvieron para financiar las obras de los gobiernos, en lugar de constituirse en un fondo previsional para los jubilados. El reparto es también injusto. Por ejemplo, el aporte de los pobres sirve para los jubilados “acomodados” y sus posibilidades de vivir más. El reparto es perverso porque muchos jubilados no reciben pensión por no completar los 20 años de aportes mínimos para recibir el beneficio.

Los tiempos han cambiado. La transformación demográfica desata crisis en todos los sistemas previsionales del mundo. Cada día hay menos trabajadores activos y más jubilados, porque aumenta la longevidad de la población. A esto se suma la corriente mundial de jubilación anticipada. La relación promedio de 2 trabajadores por cada jubilado necesaria para mantener cualquier sistema previsional se está alterando. Diversos estudios señalan que la expectativa de vida aumenta 2.5 meses cada año. La renovación generacional pierde ritmo.

De otro lado, en el Perú más de un millón y medio de jóvenes no estudia ni trabaja. ¿Quién los mantendrá y velará por ellos después de los 65 años? Además, en el Perú solo el 17% de la Población Económicamente Activa (PEA) aporta a un sistema previsional de pensiones, y uno de cada tres peruanos no ahorra absolutamente nada.

En este contexto, el Estado tampoco ha sido previsor. En lugar de avanzar en la promoción de la cobertura para proteger a la mayor cantidad de personas en edad adulta (cada vez más jubilados que trabajadores), lo que se hace con el posible retiro del 95.5% de los fondos previsionales a la edad de jubilarse es liquidar el sistema previsional. Conociendo el comportamiento del peruano promedio, el 95.5% devuelto es y será gastado en consumo, en la incertidumbre del “negocio propio” y en la especulación (bolsa de valores), desvirtuando el carácter previsional del aporte de jubilación.

¿Qué hacer? El diagnóstico es único, pero las recetas son distintas. Elmer Cuba plantea soluciones innovadoras, porque si se sigue haciendo lo mismo el fracaso está cantado. Una de ellas es aportar a través del consumo (las compras), mediante las facturas o boletas de pago. Un porcentaje de cada compra se puede destinar a una cuenta previsional individual del comprador. Por otro lado, para ampliar el modelo, para hacerlo “amigable”, se puede introducir en el sistema un aporte diferenciado, en función de las remuneraciones.

La informalidad laboral en Perú, de más del 70%, es el mayor enemigo del modelo. En este contexto, el futuro del SPP dependerá también de una reforma laboral para disminuir los niveles de informalidad y desocupación. Si las cosas continúan como están, en pocos años el Estado no podrá cumplir con los jubilados que aportaron, y mucho menos con una población cada vez mayor de adultos en situación de pobreza. Si hoy, el presidente Martín Vizcarra no decide la reconstrucción del sistema de pensiones con soluciones audaces, heredaremos consecuencias fatales.