No le hace mal a nadie


Tocarlo es fascinante. Ese éxtasis cuando lo sientes es indescriptible. Una vez que lo tienes, vas a querer más y más…

Cada vez que empiezo no hay fuerza sobrehumana que logre detenerme. Hacerlo a solas siempre se siente rico, de a dos, es mágico y en grupo, es todo un desafío.

Sin duda, una buena lectura no le hace mal a nadie. Desde niña me he sumergido en esa fantástica fantasía de leer. En casa nunca faltaba un libro, es más, la biblioteca empezó a crecer cuando le agarré el gusto a la lectura y hoy, tengo mi propia colección, la cual me enorgullece. Con el paso del tiempo traté de inculcar ese hábito a mis sobrinas, en las cuales no surgió efecto y todo por culpa de las redes sociales, aquella que cada día nos vuelve una sociedad de zombis.

Recuerdo cuando tenía 10 años solía salir a la vereda de mi casa y me ponía a leer historias ficticias de aventura y romance, mi madre siempre llamaba “Karina ya es hora de entrar”, cerraba mi libro y corría a contar a mi madre quién era el villano de la historia. Sin embargo, ese hermoso recuerdo se esfuma cuando por casualidades de la vida, pasa por mis narices una niña de aproximadamente 10 años idiotizada con el celular, la misma que termina tropezando con un montículo de tierra que no logró divisar por estar desconectada del mundo.

Bien decía Albert Einsten “Temo el día que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo solo tendrá una generación de idiotas” y bueno, ese día al parecer ya llegó. Es realmente increíble cómo la literatura ha sido devaluada en estos días, en especial por los jóvenes. La sociedad ha sufrido un cambio de 360 grados, una transformación intelectual más fuerte que nunca. Sin embargo, son estos mismos jóvenes que empiezan a ejercer un comportamiento desatinado en las redes sociales, resaltando su horrorosa ortografía y comprensión crítica por los suelos, lo más curioso es que a ellos eso no les importa, porque simplemente son modernos y prefieren seguir dando “like” a comentarios sin fundamento, que solamente generan corriente de opinión negativa frente a temas en donde su ignorancia es protagónica.

Mencionar la palabra libro es motivo de que cambien de conversación, se rían o se alejen para conversar con otras personas, algunos con risa incluida sentencian diciendo: “No me gusta leer, me parece aburrido”. No, no es broma, lo he vivido en carne propia con amigos, compañeros de trabajo y hasta con familiares que viven como “zombis” en sus celulares.

La realidad es triste y difícil de aceptar para aquellos que amamos los libros. Que la literatura pueda morir es un hecho que entristece, porque por un lado un sector pide cultura de lectura, arte y deporte, pero no hace nada para propiciarlo y por otro lado, los medios de comunicación ofrecen lo que vende y por lo general, solamente es basura, que incrementa una sociedad de hombres y mujeres no pensantes, que con el tiempo creen saber mucho, pero no saben nada y no hacen nada.

Si tenemos algo que coger, sin duda alguna debe ser un libro. Dejemos de entretener a los niños con los celulares, porque aunque de momento parezcan útiles, no hacen nada más que acercarlos al peligroso círculo de los enemigos de los libros y los vuelve parte de una sociedad embrutecida. Los libros son una herramienta para mejorar el estado de la sociedad y su relación positiva con el mundo, cosa que sin duda alguna se necesita con urgencia.

No esperemos que las autoridades nos hagan todo, cuando sabemos que en casa se forman a grandes hombres y mujeres. Y si de algo te sirve, aprovecha y visita la feria del libro en Tarapoto que inicia el 16 de setiembre, ese será un excelente lugar para hacer el amor entre páginas.

Si sabemos más, tendremos una sociedad libre de violencia, delincuencia y enfermedad. Leer es fácil, cuesta menos y da mucho…

Un libro, una lectura, no le hace mal a nadie…Y tú ¿Ya cogiste un libro?