Calendario agrario


Hasta hace algunas décadas, los productores agrarios y técnicos sincronizaban sus respectivas actividades anuales en base a planes que concordaban con el comportamiento del clima y sobre todo a la fenología de las plantas. Los técnicos siempre decían que el calendario agrario es diferente al calendario humano. “El calendario agrario empieza en setiembre, porque en éste mes se inicia el período de lluvias” enfatizaban. En efecto, luego de fuertes vientos de “Santa Rosa” (30 de agosto), llegaban en forma masiva cargadas nubes negras como antesala del inicio de copiosas e interminables lluvias. Pero, tres meses precedentes a la celebración de Santa Rosa de Lima, eran días soleados carentes de lluvias. En éste trimestre seco, un alto porcentaje de plantas permanentes deja caer hojas y frutos maduros y se dispone a descansar, como la madre adolorida lo hace luego del parto. En éstos meses, aprovechando el descanso, las plantas producen hormonas necesarias para emprender el calendario agrario del año siguiente. Precisamente, la llegada de las lluvias de setiembre, hacen que dichas hormonas se activen y con la abundante savia se distribuyan por la planta, poniendo al ser vivo vegetal en funcionamiento del inicio de su nuevo periodo de vida anual. Emergen nuevos cogollos, hojas frescas, otras ramillas, en fin, la planta se renueva, porque también hay cambio de raicillas absorbentes. Como consecuencia de ésta renovación y de un nuevo inicio del calendario agrario, las plantas emiten flores. Los bosques verdes son matizados con multicolores flores, exhalando agradables olores, atrayentes de diversas abejas y avispas, de pequeños picaflores. ¡Caramba!, se inicia una nueva vida en el bosque natural. Coloridos tucanes emiten sus cantos tío juanes, abriendo sus largos picos en dirección al cielo abierto, recibiendo las interminables gotas de lluvias. Las demás aves, aún con la persistente lluvia, cantan alegres, se sacuden para expulsar la excedente humedad y de sus movedizas ramas vuelan cerca en acrobacia inusitada para cazar insectos que surcan la atmósfera.

Las gotas de lluvia caen sobre las hojas del amplio dosel del árbol, las hojas se humedecen y el agua que sobra cae y baña a la hoja que espera ansiosa debajo, así el agua de lluvia va mojando a todas las hojas del amplio follaje arbóreo. Si la lluvia sigue, de la misma manera es mojado el follaje de los arbustos, que resguardan la parte baja del señor árbol. De aquí el agua pasa a las hojas de las hierbas, que circundan a los arbustos y árboles. Luego, el agua de lluvia continúa su curso hasta mojar la gruesa hojarasca, después el fino mantillo que está debajo la hojarasca. De aquí, el agua recién llega al suelo agrícola, donde están las raicillas absorbentes de las plantas. Pero, ¿qué pasa si se hizo chacra, se rozó las hierbas y arbustos, se cortaron los árboles y se quemó? Las gotas de lluvia caen directamente sobre el suelo. Muchos consideran a éstas gotas como pequeñas bombas que rompen el suelo desnudo. Cada gota destroza el suelo y expulsa fragmentos hasta casi un metro de distancia. Éstas gotas forman cráteres y destruyen la natural estructura del suelo. Entonces, ocurre lo inesperado: Las excedentes aguas de lluvia arrastran sin piedad todos éstos fragmentos de suelos sueltos hacia abajo hasta llegar al río. Ésta es la causa por el color chocolate de riachuelos y ríos después de una lluvia. En ese color chocolate va el suelo de la parcela del agricultor. Así, de a pocos, año tras año, los veinte centímetros de suelo que tenía la parcela, que Dios le ha proveído, va disminuyendo de espesor, hasta quedar pura arcilla, donde no crece nada y no vive ningún animal silvestre. Alguien dijo: “En éste terreno degradado, no vive ni el ucullucuy (lagartija)”. ¿Qué hace el dueño del terreno? Abandona el terreno y se va a otro, lejos de allí, a las alturas cabeceras de los ríos, a realizar el mismo procedimiento de mal uso de la parcela.

Bueno, entonces, el mes de setiembre, es el mes de la alegría, de la juventud, de la reproducción, de la renovación, del verdor, del agradable aroma. Aquí comienza el calendario agrario, aunque en los últimos tiempos, las respuestas del clima son diferentes y las fenologías vegetales también ha sufrido significativas variaciones. ¿Quién ha generado éstos cambios? Naturalmente el hombre irracional. Por ejemplo, hace poco, ante la quema de la Amazonía, se ha visto con asombro la indiferencia de los gobiernos de países, que de inmediato hubiesen enviado ejércitos de personas especializadas, maquinarias y equipos. La indiferencia ha permitido el arrasador avance de los incendios, algo parecido a la indiferencia del destrozo de la selva en Madre de Dios, con la minería ilegal. Muchos indican que éste incendio ha repercutido de inmediato en el rápido incremento de la temperatura en el planeta. Al parecer, éste hecho fue una leve alerta de la naturaleza para el hombre, para comprobar su respuesta, para hacer notar que la naturaleza que Dios nos ha dado para vivir, hay que tratarla como un verdadero regalo de Dios.