La necesidad de la humildad


Amplia mayoría de la población está de acuerdo con la remoción de los actuales congresistas. Fueron anuncios esperados de años pasados. Desesperados gritos profieren agrios términos de mal acostumbrada minoría, que durante años vivía tergiversando caprichos de lánguidos grupos políticos, dando la espalda a urgentes necesidades de nuestros pueblos. Si bien, la mayoría aplaude la importante convicción de la decisión presidencial; empero, ésta se conforma desganada, porque de verdad la medida hubiese sido dada muchos meses atrás. En fin, la población respeta la dación gubernamental, y no queda otro camino que cumplir. Mucha gente quería el cierre del Congreso, porque era el camino que sus eventuales inquilinos habían organizado, desde las primeras páginas de sus desatinadas acciones legislativas. Si hubo una gran mayoría, lamentablemente fue mal utilizada. Pero, como el sabelotodo grupo farmacéutico, actuaba solo para su hermética cápsula, y el oteo de su panorama visual solo llegaba al extremo superior de sus respingados órganos olfativos. Ahora los lamentos no valen nada. Tampoco las justificaciones para pretender entrometerse en emergentes grupos políticos y procurar sorprender a modestos dirigentes. Ustedes tuvieron tan brillante oportunidad para trabajar en proyectos legislativos que impulsen el desarrollo sostenible del país. No lo hicieron. No hay cuentos que en la siguiente lo harán. En las próximas contiendas deben participar totalmente nuevas personas, con suficiente formación académica y arraigo político. Aquí, en la revisión de los currículos el Jurado Nacional de Elecciones debe cumplir su rol con bastante seriedad. No es posible que, para un promotor de campo, con remuneración aproximada de dos mil soles, el órgano de control del Estado, sea tan exigente que simplemente el trabajador que no cumple es desaforado en el acto. ¿Por qué no imprime similar exigencia de revisión del currículo a un candidato al Congreso, con remuneración aproximada de veinte mil soles? Se percibe que el aparato público se mueve con palancas heterogéneas. No hay el mismo vigor de exigencia en supuestos estratos diferentes. ¿Cómo se explica que a la señora que vende tamales en la calle se la incauta su producto por centavos de soles; mientras que a las empresas transnacionales no se les dice nada por miles de millones de soles de deuda? Al parecer, en éste rubro el curso de lógica aún no ha sido insertado en el currículo escolar.

La necesidad de la humildad no solo debe llevarse al aspecto político, fundamentalmente ésta necesidad es para el desarrollo de la vida de todos los seres humanos, porque cada persona necesita de Dios y de los demás. Nadie puede decir que no necesita de Dios, quizá podría expresarse de esa manera por su limitada experiencia de vida, o porque ignora las grandezas de las maravillas que Dios brinda. Quizá, el comportamiento humilde aparenta ser de fácil práctica; pero no. Muchas personas actúan así, con soberbia, impulsadas por algunos centavos de soles durmiendo en sus cuentas; otras tienen ese comportamiento por ostentar algún efímero cargo. Jesucristo era y es el Hijo de Dios, y durante los treinta y tres años que pasó por nuestro planeta, ha desarrollado una vida cargada de humildad. El poder de Jesucristo era y es absoluto, no por centavos acumulados o por algún cargo público. Ninguna persona puede alcanzar ni a la mínima raya de su poder, por tanto, hay infranqueable necesidad de cultivar su humildad. Existe en el tintero varias interrogantes. ¿Cómo me he comportado o me desarrollo cuando tengo buena cantidad de dinero o un cargo? ¿Por qué los congresistas de la mayoría no han dado muestras siquiera de una raya de humildad? Para comenzar, las normas legales eleccionarias deben estar bien planteadas. Jamás debe existir abrumadora mayoría, como la que ahora hay, a sabiendas que los aspirantes no tienen los mejores niveles académicos. El filtro de selección de candidatos debe estar compuesto de muchas mallas finas. Por respeto a la población, la primera debe ser la preparación académica, luego la experiencia social y política. Nunca debe estar en medio la condición económica. ¿Quiénes son aquellos que amasan grandes cantidades de dinero? Por supuesto, no necesariamente, quienes han trabajado más. Muchos de ellos han sido y son mercaderes de drogas estupefacientes. Otros son mineros ilegales, que con sus maquinarias mal habidas han destrozado miles de hectáreas de la selva virgen.

La necesidad de la humildad, también está en el interior del hogar, cuando se hace mal uso del poder paternal o maternal, exigiendo a los hijos el cumplimiento de órdenes con agria voz y empleando términos espinosos. ¿Acaso el hijo no le obedecerá al padre o a la madre, si le habla con susurro y con el uso de elocuentes palabras? Claro que obedecerá de muy buena manera: ¿Hijito lindo, podrías hacerme el favor de traerme el periódico? Con seguridad, el hijo más tardará en recibir la orden que cumplirla. Dios ha traído a la tierra amor en abundancia, ¿por qué no la utilizamos? Pues, el amor está íntimamente ligado a la humildad.