Un detective por cada ciudadano …Se acabarían las mafias


En las décadas de 1950 y 1960, Francisco García Pavón escribió varios relatos de suspenso sobre un jefe de policía de una pequeña ciudad española. Plinio, el detective de la ciudad, confía en sus corazonadas tanto como en las pruebas científicas cuando investiga para resolver un crimen.

En la década de 1990, Arturo Pérez-Reverte se sirve de sus antecedentes en el periodismo para escribir una ficción histórica detallada y misterios con profunda imaginación.

Javier Sierra es un escritor contemporáneo que, al igual que Arturo Pérez-Reverte, halla muchas intrigas emocionantes en el rico pasado de artistas famosos. Algunos de sus escenarios incluyen iglesias antiguas y sus misterios inexplicables.

Si todos los ciudadanos tuviéramos algo de detectives, los poderes del Estado: ejecutivo, legislativo y judicial, nos mirarían con respeto, con reverencia y hasta con cierto temor.

Los enlaces del Ejecutivo están aún en los rincones más apartados de la patria, donde la noticia muchas veces es ajeno al poblador. Este ciudadano del lugar más lejano, qué le importa la codicia, la ambición de los que más tienen; qué le importa la discusión y peleas de aquellos que se disputan el poder político y judicial; qué le importa de los vagos y criminales que ya conquistaron las ciudades regularmente desarrolladas.

Necesitamos detectives con el fuerte olfato de tras de cada oficina de los funcionarios, pequeños, medianos y grandes. ¿Quiénes son los pequeños, los medianos y los grandes? Que esto no nos importe. Lo que debe interesarnos es destaparles los secretos y misterios que se tejen detrás de cada oficina. Ya me imagino lo siguiente: “tenemos varios proyectos, este es el presupuesto que debe costar cada obra ejecutada, tenemos que crear contratiempos y luego inmediatamente le ponemos los adicionales; nos falta el personal de confianza, “pucha”, pero Fermín se desenvuelve muy bien en esa área, ah… que carajo los puestos no son comprados, lo que fueron comprados fueron nuestros votos, por las cuales ganamos: Julián, María y teresa, son unos cuantos de los que compraron nuestras conciencias, y como tal para que no queden resentidos y sobre todo para que no nos filtren algo por la prensa, habrá que darles los cargos de algunas gerencias”.

Me imagino de tras de cada pequeña, mediana o grande oficina o despacho del cada funcionario, se desarrollan estos escenarios muchas veces con dos, con tres o con cuatro funcionarios cómplices.

Que lo desmientan todos los que están investigados por lava jato, que lo desmientan todos los que están purgando prisión. Nada que se tejen en las cuatro paredes de una entidad pública es secreta. Todo se conoce tarde que temprano. La justicia tarda, pero llega. Y cuando llega, la víctima en estos tiempos lo único que dice como justificación: “es una persecución política”, “es odio odio lo que tienen”.

Por favor, en estos últimos 50 años en el Perú nadie ha sido perseguido por sus ideas políticas, simplemente… es eso lo que no tienen: IDEAS POLÍTICAS. El único personaje que tuvo ideas políticas en el Perú y que remontó al mundo entero es, José Carlos Mariátegui. Del nivel de este personaje con ideas dialécticas e iconoclastas, no tenemos en absoluto ninguno. Todos los que se lanzaron a la arena política en nombre de este personaje, no tuvieron otras ideas más que el enriquecimiento ilícito.

Cada ciudadano con su capacidad detectivesca no le queda más que el deber de ponerse siempre en vigilancia y olfato contra toda malicia y mafia de ciertos funcionarios que equivocaron el cargo y sus habilidades para hacer sus respectivos trampolines a la fama del dinero mal habido.