Corrupción y parálisis


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Se acabó la Copa América con notable éxito en un proceso que a todos nos llena de esperanza en un país done el principio de autoridad, el liderazgo transformador y sobre todo el trabajo en equipo con una visión común y compartida se inserte en nuestra vida cotidiana, pero viendo más allá de una disciplina deportiva, la realidad nos devuelve a un estado de cosas donde el fantasma de la parálisis asoma y acecha, una terrible realidad donde vemos que la corrupción generalizada tiene secuestrado y a todo un país en zozobra.

Luego de ser atónitos espectadores del develamiento de una situación que intentábamos negar, hoy vemos que nuestras sospechas se confirman que lo que vivimos no se trata de personas en actos de corrupción sino por el contrario todo un sistema montado a través de los años para saquear nuestro país de la manera más vil y descarada, por si fuera poco, tenemos a quienes cometieron actos ilegales formando parte de comisiones que deben resolver el problema siendo ellos el problema.

No creo que quede peruano que no esté convencido que los procesos electorales no han sido más que una farsa donde la clase política peruana, sin excepción alguna, fingía una contienda política que ocultaba una gran feria o mejor dicho una gran lotería donde el premio mayor lo sacaba el elegido y todos los demás salían ganando sin importar el resultado, alguien y ya sabemos quién, apostaba a ellos cual carrera de caballos sin importar quien ganaba al final todo se recuperaba con nuestros impuestos.
No hay duda de que la corrupción es un problema que, en los últimos años, ha venido aquejando con más fuerza al Perú. Presidentes, gobernadores regionales, ministros y funcionarios de los últimos gobiernos han sido implicados en uno de los mayores casos de corrupción: Odebrecht, empresa brasilera que pagó sobornos a autoridades de doce países, incluido el Perú, para asegurar concesiones públicas de proyectos y leyes favorables para sus operaciones, señala un estudio realizado por Proética hace poco menos de un año y que cobra hoy más vigencia que nunca. Si a ello le agregamos el ya famoso club de la construcción constituida por más de 40 empresas constructoras hoy nos hemos quedado sin empresas que ejecuten las obras, no saben cómo hacerlo si no hay coima de por medio.

A todo esto, sin embargo, la percepción de que la corrupción es el principal problema es de provincias mientras que en la capital se considera a la delincuencia como el más importante, esto se siente en la parálisis que se tiene respecto de las inversiones públicas que ante esta situación se han dejado de llevar a cabo y el gasto se ha contraído de manera tal que hoy comprobamos aquello de que la corrupción paraliza al país ante el temor de lo que pueda ocurrir.

Hoy más que nunca podemos corroborar que la corrupción perjudica nuestra vida cotidiana, afortunadamente esa actitud va cambiando en el colectivo, tengamos cuidado que aquella frase de: “yo lucho contra la corrupción” no ha sido más que un slogan de campaña de políticos mafiosos.

Creo que a la abrumadora mayoría no le conviene ni quiere inestabilidad, a nadie le gusta perder su tiempo saliendo a las calles y protestar, pero es bueno reiterar el pedido a las autoridades de turno que tomen las cosas con mayor seriedad, a la corrupción jamás se combatirá persiguiendo corruptos, solo será posible si contamos con autoridades capaces de emprender gestiones de gobierno lo suficientemente transparentes, si uno quiere espantar las ratas y los murciélagos de sus casas, aquellas que operan en las tinieblas y la suciedad, solo basta con dejar entrar la luz y mantener limpias las zonas donde acostumbran a comer, reproducirse y defecar, veremos cómo ese penetrante y fétido olor a corrupción empieza a desaparecer.