El mito como simbolismo esotérico, mitos iniciáticos


Colocados en esta perspectiva, indica que ciertos mitos encierran profundas verdades filosóficas, metafísicas y mágicas, las cuales se hallan disfrazadas tras aparentes fantasías. Son vistos como alegorías iniciáticas, enseñanzas esotéricas acerca de la verdadera y más profunda naturaleza del hombre y del cosmos, del origen y destino de la humanidad. En otras palabras, ciertos mitos serían expresión de la sabiduría. “De la Bella Durmiente” por ejemplo, se asegura que antes de ser cuento fue un mito cuyo simbolismo aludía a la porción dormida de nuestra mente -ahora sabemos que sólo la novena parte funciona- y a la necesidad de un “despertar” poniendo en funcionamiento órganos de percepción superior que permanecen en lo profundo de la conciencia en una inactividad transitoria, esperando la técnica iniciática capaz de iluminarla, de despertarla, de activarla. a esta clase de mitos pertenecen el héroe hijo del sol que viene a este mundo a redimir a los hombres y luego regresa al reino de su padre, el sabio ermitaño eternamente joven, el robo del juego, el nacimiento de la virgen, diosa-doncella primordial, los infructuosos viajes llenos de aventuras en busca del “tesoro” oculto, etc. Para algunos estas clases de mitos son rezagos de hechos y verdades ocultas que con el tiempo han ido degenerando hasta perder su significado trascendente y han quedado como simples fábulas. Otros los consideran como necesarios métodos de enseñanza de los Maestros para trasmitir profundos conocimientos que la mente ordinaria no es capaz de captar directamente; y además, para encerrar en esos simbolismos, secretos que debían ser accesibles sólo a aquellos que están preparados para recibirlos.

LA RESPUESTA DEL MAESTRO ZEN:
Solo cuando está preparado el discípulo, aparece el maestro.

Un relato folklórico en cierto lugar del Oriente afirma que un aspirante seguía a un maestro de la enseñanza Zen por tortuosos caminos pidiéndole ser su discípulo. -¿Amas la verdad?- le preguntó el maestro con penetrante mirada deteniendo su caminata.
-¡Si, maestro; amo la verdad!
El sabio siguió su camino sin decir nada, seguido por el joven. Y lo mismo le siguió pidiendo cuando estaban detenidos lavándose y tomando agua en una quebrada.
-¿Qué tanto amas la verdad?-
¡Mucho, maestro, mucho!
De repente se vio tomado por la fuerza. El sabio hundía una y otra vez su cabeza en el agua hasta casi ahogarlo. Finalmente lo soltó y le dijo: “Cuando ansíes la verdad así como ahora ansías el aire para poder vivir, entonces búscame”. Cuando recuperó el aliento todavía alcanzo a ver al maestro que entre un grupo de viajeros se perdía en el polvoriento camino.

TROYA: EXCAVANDO POR UN SUEÑO.
Asomándonos a lo desconocido, muchas cosas más sorprenden y maravillan. Hay tanto por investigar, tantas verdades que arrancarle al misterio. Hechos hasta ahora sin explicación científica que desafían al mismísimo avance de la ciencia moderna y hasta ahora permanecen como leyendas. Hasta inicios del siglo antepasado en que Schliemn, un explorador y antropólogo alemán lo demostró (1,873). Troya era sólo una leyenda que el poeta Homero la inmortalizó en la Ilíada. Ahora sabemos que realmente existió.

EL ANCIANO Y EL JOVEN RADIANTE.
En la sierra del Perú, a 3800 metros de altura se refiere la siguiente historia:
El explorador y filósofo peruano Daniel Ruzo descubre en Marcahuasi animales y rostros humanos tallados en rocas y visibles únicamente durante el solsticio de verano, gracias al juego de luces y sombras.
Estatuas de leones, tortugas y camellos desconocidos en la América del Sur. Una colina esculpida representa una cabeza de anciano. El negativo de la fotografía revela, a un joven radiante. ¿Qué rito de iniciación lo haría visible? No se ha podido aún medir la antigüedad por medio del carbono 14; en Marcahuasi no hay ningún vestigio orgánico.
Los indicios geológicos nos remonta hasta la noche de los tiempos Ruzo cree que esta altiplanicie es la cura de la civilización Masma, tal vez la más antigua del mundo.