ANTONIO MACHADO SEÑOR DE CAMPO Y POESÍA


Poeta español, uno de los más grandes, hombre de extraordinaria vida interior; sus primeras creaciones fueron bajo el manto romántico de Bécquer y el modernismo de Darío. Sin embargo, rápidamente va afianzando su propia voz y estilo. Se orienta por las formas poéticas populares, pero ha sabido ser a la vez tradicional y moderno: culto y popular, un artista de síntesis poética.

INTRODUCCIÓN A LOS SUEÑOS
Leyendo un claro día
mis bien amados versos,
he visto en el profundo
espejo de mis sueños
que una verdad divina
temblando está de miedo,
y es una flor que quiere
echar su aroma al viento.

El alma del poeta
Se oriente hacia el misterio.
Sólo el poeta puede
Mirar lo que está lejos
Dentro del alma, en turbio
Y mago sol envuelto.

En esas galerías,
Sin fondo, del recuerdo,
Donde las pobres gentes
Colgaron cual trofeo.

El traje de una fiesta
Apolillado y viejo,
Allí el poeta sabe
El laborar eterno
Mirar de las doradas
Abejas de los sueños.

Poetas, con el alma
Atenta al hondo cielo,
En la cruel batalla
O en el tranquilo huerto.

La nueva miel labramos
Con los dolores viejos,
La veste blanca y pura
Pacientemente hacemos,
Y bajo el sol bruñimos
El fuerte arnés de hierro.

El alma que no sueña,
El enemigo espejo,
Proyecta nuestra imagen
Con un perfil grotesco.

Sentimos una ola
De sangre, en nuestro pecho,
Que pasa… y sonreímos,
Y a laborar volvemos.

Pero su gran mérito es el de ser el interprete del paisaje (Castilla). Es el alma de poeta que necesita una metáfora para mirar hacia adentro en su amor y dolor.
En “Campos de Castilla” expresa los enigmas del hombre y del mundo, el destino, la soledad, la muerte, Dios. Su verso se universaliza y al hablar de sí mismo lo hace como si estuviera hablando de todos los hombres. Leamos:

CAMINANTE NO HAY CAMINO
Caminante, son tus huellas
El camino y nada más;
Caminante, no hay camino,
Se hace camino al andar.

Al andar se hace el camino,
Y al volver la vista atrás
Se ve la senda que nunca
Se ha de volver a pisar.
Caminante no hay camino
Sino estelas en la mar.

Con este poemario marca su propia lírica. Poeta del paisaje natural y del paisaje interior, así como en temas universales con profundos criterios sobre el sentido del hombre.

VEAMOS A DIOS EN SU CAMINO INTERIOR
Anoche cuando dormía
Soñé ¡bendita ilusión!
Que una fontana fluía
Dentro de mi corazón.
Di: ¿por qué acequia escondida,
Agua, vienes hasta mí.
Manantial de nueva vida
En donde nunca bebí?

Anoche cuando dormía
Soñé ¡bendita ilusión!
Que una colmena tenía
Dentro de mi corazón;
Y las doradas abejas
Iban fabricando en él,
Con las amarguras viejas,
Blanca cera y dulce miel.

Anoche cuando dormía
Soñé ¡bendita ilusión!
Que un ardiente sol lucía
Dentro de mi corazón.
Era ardiente porque daba
Colores de rojo hogar,
Y era sol porque alumbraba
Y porque hacía llorar,

Anoche cuando dormía
Soñé ¡bendita ilusión!
Que era Dios lo que tenía
Dentro de mi corazón.

“En Juan de Mairena”. Vierte opiniones de política, literatura, estética y usa de ese personaje para hablar también de su propia poesía e ideas en que él se ha basado. Propone un equilibrio entre conceptos e intuiciones, elementos lógicos y emotivos; lo segundo deben estar siempre más al descubierto, pero ambos son esenciales al poema. No es la lógica lo que en el poema canta, sino la vida; aunque no es la vida la que estructura el poema sino la lógica. Sin embargo, nada hay como la sublime inspiración de la poesía; lo afirma en el siguiente cuarteto.

Poeta ayer, hoy triste y pobre
Filósofo trasnochado
Tengo en monedas de cobre
El oro de ayer cambiados.//