La discriminación latente o abierta


Las últimas declaraciones de Carlos Bruce sobre Martín Vizcarra, es la franqueza con la que alguna gente entiende la vida y sus designios. Es una reacción debida a la frustración, más que respuesta a una posición política. Pues alguna gente se resiste a aceptar que una persona que no es de su clase socioeconómica se encuentre en la alta magistratura de la nación. Recordemos que Rafael Rey paraba despotricando de Alejandro Toledo, al igual que Mulder, ambos calificándole de delincuente. (El cholo sagrado después resultó siendo un bribón de alto vuelo). El caso es que los citados no aceptaban que el país fuera gobernado por alguien que no fuera de su misma clase.

Roger Rumrrill García, en un artículo publicado en el diario Expreso en los años setenta, contaba que cuando una delegación de altos funcionarios arribó al aeropuerto de Puerto Maldonado, la delegación de funcionarios y los periodistas del lugar se acercaron a rendirle los honores a las personas de piel blanca, con lentes ahumados y que denotaban ser de buena posición socioeconómica, cuando el jefe de la comisión era, como se suele decir en lenguaje coloquial, un manalvaquecillo, posiblemente residente en Villa El Salvador, mientras los otros serían de Miraflores o San Isidro. Es que con Juan Velasco Alvarado comienza a darse en el país un proceso de inclusión.

Claudia Cisneros Méndez escribió en La República de ayer domingo que “en el Perú de las clases privilegiadas, el provinciano es el ‘marrón’, el ‘cholo’, el ‘otro’”, pues lo expresado por Bruce, no es más que la muestra de la polarización de la sociedad peruana y de la existencia latente de blancos y cholos, de un lado, y de limeños y provincianos, de otro. En este segundo caso, ocurre algo que no han visto aun los sociólogos: el limeño –del nivel socioeconómico que sea—se cree superior a los de provincias, y soy testigo de gente disparate que pese a vivir más de cuarenta años en la selva, siguen refiriéndose a los selváticos como “esta gente”, con sentido peyorativo.

Igualmente, Claudia Cisneros nos recuerda que “las razas no existen. El racismo, sí”. En el Perú se comienza a dejar de lado la fiesta cívica del “Día de la raza”, igualmente con Juan Velasco Alvarado. Pero ¿dónde nació este concepto de la “raza” que se convirtió en una manera perversa de entender la convivencia humana hasta situaciones degradantes? Yuval Noah Harari, en su extraordinario libro “Sapiens: de animales a dioses”, enseña el devenir histórico del hombre y donde se descubre que todos nacemos de un tronco común. Martín Vizcarra y Carlitos Bruce son herederos del mismo Homo Sapiens que estuvo en el África hace 200 mil años.
¿Cómo superar esa actitud de menospreciar a alguien que no es el círculo sociopolítico al que supuestamente pertenece alguien? ¿Con la educación en las escuelas? Porque hemos visto que hay sujetos que se llenan de doctorados y tantos títulos solo por subir un grado más en el estatus social y ser aceptados en el otro “nivel”, para “cholear” a los demás. Y hay una frase que dice que si “la tuberculosis se cura, la discriminación también”. Pues, en mi entender, la solución está en uno mismo. [Comunicando Bosque y Cultura – Comunicando].