Literatura fantástica y ciencia-ficción


Fábula, apólogo, cuento simbólico: la calidad, el mensaje y el manejo de la fantasía las trasciende. Difícil encuadrarlas en un género. Hay experiencias humanas que sólo contadas así lograrán impactar hasta las conciencias más adormecidas, a través de simbolismos como estas profundas y sencillas narraciones breves, en moralejas nada convencionales, pero sin perder su transparencia, despertando profundas reflexiones satíricas y hasta filosóficas. Coinciden en estas historias un escritor clásico chino. (Tsao Isue Kin) y un peruano actual, (Juan Rivera Saavedra).

EL ESPEJO DE VIENTO Y LUNA.
En un año las dolencias de Kia Yui se agravaron. La imagen de la inaccesible señora Fénix gastaba sus días; las pesadillas y el insomnio, sus noches.
Una tarde un mendigo taoísta pedía limosna en la calle, proclamando que podía curar las enfermedades del alma. Kia Yui lo hizo llamar. El mendigo le dijo: ”Con medicinas no se cura su mal. Tengo un tesoro que lo sanará si sigue mis órdenes”. De su manga sacó un espejo bruñido de ambos lados; el espejo tenía la inscripción: Precioso espejo de viento –y- luna. Agregó: “Este espejo viene del palacio del Hada del terrible despertar y tiene la virtud de curar los males causados por los pensamientos impuros. Pero guárdese de mirar el anverso. Solo mire el reverso. Mañana volveré a buscar el espejo y a felicitarlo por su mejoría”. Se fue sin aceptar las monedas que le ofrecieron.

Kia Yui tomó el espejo y miró según le había indicado el mendigo. Lo arrjó con espanto. El espejo reflejaba una calavera. Maldijo al mendigo; irritado, quiso ver el anverso. Empuñó el espejo y miró: desde su fondo, la señora Fénix, espléndidamente vestida le hacía señas. Kia Yu se sintió arrebatado por el espejo y atravesó el metal y cumplió el acto de amor. Después, Fénix lo acompañó hasta la salida. Cuando Kia Yui se despertó, el espejo estaba al revés y le mostraba, de nuevo, la calavera. Agotado por la delicia del lado falaz del espejo, Kia Yui no resistió, sin embargo, a la tentación de mirarlo una vez más.

De nuevo Fénix le hizo seña, de nuevo penetró en el espejo y satisficieron su amor. Esto ocurrió unas cuantas veces. La última, dos hombres lo apresaron y al salir lo encadenaron. “Los seguiré” murmuró. “Pero déjenme llevar el espejo”. Fueron sus últimas palabras. Lo hallaron muerto sobre la sábana manchada.
¿Qué simbolizan los personajes? ‘que simboliza el espejo? Pues procedía del palacio del hada del terrible despertar… de la conciencia.
La calavera era una advertencia de posible muerte. Quizás estaba demasiado viejo para amar. Y aquello en realidad no era amor, sino lujuria. La consecuencia salta a la vista.

– * –
Esta historia del mecano parecería demasiado alejada de la realidad. Alguna fantasía gratuita se diría. Pero conociendo los recientes logros alcanzados por la ciencia de los cerebros electrónicos, habríamos de reconsiderarlo. ¡No podías creerlo! Tampoco podrás creer el final de esta historia. Así como van la cosas, esto no es imposible.

EL MECANO.
José Santiago se aburría de todo en su casa. Quince años de matrimonio le habían acabado por liquidar. Nada le llamaba la atención; hasta que le llegó equivocadamente un juego de Mecano. Llevado por su curiosidad y el aburrimiento, empezó a tratar de armarlo y construyó un robot. Le agregó una pieza y el robot se puso a cocinar. Entusiasmado por el descubrimiento, ajustó un tornillo por aquí y el robot recogió la ropa arrugada del patio y le planchó como una perfecta ama de casa; le ajustó otra pieza por allá y el robot se puso a pintar, le añadió una pieza y se puso a cantar; le agregó otra y se puso a hablar de política; le introdujo unas piezas absurdas y se puso a tocar el violín.

Feliz de su valor electrónico y con el fin de descansar un poco, José Santiago salió a dar una vuelta por la ciudad y tarde ya, regresó. Cuál no fue su sorpresa al constatar que el robot ya no estaba en el garaje.
¡Había desaparecido! Desesperado corrió al cuarto de su mujer pensando que podía estar allí, pero sólo halló sobre su cama una nota que decía: “Querido: le agregué una pieza al robot, se puso romántico y me fugué con él”.