Un encuentro con el profe


Las luces se encendieron y ahí estaba sentada frente a él, nerviosa y con muchas expectativas. Una frase hizo que todo se paralice “Siempre quise saber quién eras”, en ese momento solo atiné a sonreír. Sentí curiosidad, era como estar arrinconada contra la pared, no entendía por qué ese hombre tenía interés por mí. Fue rico y lo que siguió terminó por desencadenar las mejores sensaciones de una mujer.

Las luces seguían encendidas, el ambiente se tornaba cada vez más divertido, era como si la tensión se hubiera esfumado, solo quedaba las ganas de seguir y seguir, hasta acabar. Sin duda, nunca me cansaré de escribir, porque es lo que amo hacer.

El profesor que estaba sentado frente a mí me dijo: “Me encanta como escribes, siempre leo Con aroma a café”, en ese momento la entrevista de ingreso a la maestría se tornó excitante, esa excitación que genera la alegría. Me sonrojé, pero al mismo tiempo inflé mi pecho de orgullo propio, porque con imperfecciones y todo lo que conlleva hacerlo, sigo escribiendo con pasión. Volví a sentir algo rico, esa sensación de que otros admiran lo que haces.

Volver a las aulas es una de las mejores decisiones que he tomado en la vida, toparme con excelentes docentes es reafirmar que existen personas que aman lo que hacen, por ejemplo, enseñar.

He terminado el primer módulo en la maestría, el mismo que corresponde como a mes y medio y lo he disfrutado, como todo lo que hago. Comprendí que nunca se termina de aprender y aprendí más de lo que imaginé.

Por lo general suelo ser negativa y no es para menos, la sociedad actual genera tanto asco, que no queda otra que esperar lo peor. Sin embargo, aprendí la importancia de las personas y el cambio que se pueda generar en otras, por ejemplo, en los estudiantes de secundaria, quienes tienen una mochila llena de problemas y nadie hace nada. Casos de consumo y micro comercialización de droga, acoso sexual intrafamiliar, embarazos adolescentes, violencia, bullying, la lista es interminable y es alarmante.

Todos nos hacemos los ciegos, sordos y mudos, cuando en realidad esto nos afecta directamente, porque un niño con problemas que no es atendido, puede desarrollar lo peor de sí y volverse con el tiempo en una persona que en vez de sumar a la sociedad, restará y ello solo traerá sangre y más sangre.

Creo que debemos ser empáticos y asertivos, eso lo aprendí del gran psicoterapeuta Carl Rogers, el mismo que con su Teoría Humanista, Teoría Centrada en la Persona y Teoría de la Personalidad, ayudó a atender a niños y adolescentes con problemas, aquellos que muchas veces son relegados y refundidos en correccionales, buscando solamente castigar, pero sin investigar cuáles son las causas de sus actitudes nocivas. Para Carl Rogers, todas las personas son buenas, saludables y pueden ser personas de éxito si se proponen. Y es cierto, todos soñamos y podemos cumplir nuestros objetivos, pero qué pasa cuando el entorno no es favorable y en vez de ayudar, corrompe. En eso, todos debemos hacer una pausa y pensar ¿Qué estamos haciendo por esta sociedad podrida?

Yo sigo siendo alumna y sigo aprendiendo día a día. Ésta experiencia no la cambio por nada, porque cada segundo voy conociendo un poco de lo que ignoraba y eso es fascinante.

Lo más fantástico de esto, es que inicié esta aventura con una persona que desde que piso el aula de clases, me llenó de conocimientos y admiración, gracias profesor Julio León Montalvo, un académico de primera, uno de pocos que quedan en la docencia. Un hombre con el que puedes estar todo un día completo sin cansarte, porque lo que tiene por enseñar es interminable, ameno y gratificante. Sé que hoy está leyendo este escrito y sé que he logrado esbozar una sonrisa en su rostro, si lo logré, valió la pena tomarme este tiempo y estas líneas.

La vida está llena de encuentros de distintos tipos, románticos, amicales, laborales, educativos, pasionales y sexuales.

¡Terminé y lo disfruté! Yo me quedo con éste encuentro…Un encuentro con el profe.