La cuestión es la desconfianza


Mientras el país se debate entre el voto de confianza o el de censura para el gabinete ministerial, la economía empieza a sentir los efectos de esta situación que se vuelve insostenible y empieza a debilitarla, el sistema político en crisis no hace otra cosa que enviar señales negativas que ponen en riesgo la estabilidad macroeconómica que tanto sacrificio nos costó los últimos 30 años.

La confianza es uno de los valores que nuestra sociedad poco a poco ha ido perdiendo a través de los años y fueron los políticos quienes, en su desesperado afán de acumular poder, establecieron mecanismos que les permitía formar parte de este pernicioso sistema, crearon una élite donde solo pertenecen aquellos que logran acceder a los “códigos” que permite ser “uno de ellos” y así formar parte de un sistema que se retroalimenta de antivalores.

Buscando justificar sus actos, alguna vez escuché a un político de nuestra región una definición de la política que hasta hoy no encuentro la fuente: “la política es el arte de lo posible” decía y tal parece que se convirtió en el principio y piedra angular de su estructura, era entonces posible mentir y lo hicieron, era posible robar y también lo hicieron, delinquir dejó de ser una barrera para acceder y mantenerse en el poder, empezaron a tejerse redes de todos los colores y en todas las instituciones, un fétido olor a corrupción empezó a invadir todas las instancias públicas y privadas, nos habíamos convertido sin darnos cuenta en un país secuestrado por mafias muy bien organizadas que lo controlaban casi todo.

La desconfianza entre peruanos llegó a tomar el control de la situación, empezamos a tomar posiciones duras, firmes, inamovibles como por instinto de supervivencia, posiciones que parecen irreconciliables, que buscan talvez proteger la integridad individual, la vida empieza a ser una lucha soterrada entre quienes escondemos nuestra identidad, ser predecible es un signo de vulnerabilidad, las redes sociales se prestan a ello, basta ver una discusión sobre cualquier tema y literalmente vemos como se encienden las pantallas, dejando de lado los argumentos para dar paso a fuertes diatribas de unos contra los otros.

Mientras escribimos este artículo vemos y escuchamos lo que pasa en el congreso, argumentos en favor y en contra del planteamiento de una cuestión de confianza parece una utopía en un país donde reina la desconfianza, no se ve debate en una institución creada para el desarrollo de las habilidades oratorias, sin embargo, hoy solo se fijan posiciones con un lenguaje que maltrata no solo nuestro sentido de la audición sino también a nuestro maravilloso idioma.

Se debate un tema que puede ser trascendental para el futuro de nuestro país, todos los actores de nuestra sociedad esperamos una salida a este entrampamiento que parece legal pero que esconde oscuros intereses, el sistema económico requiere de signos vitales para revertir la tendencia negativa que nos puede devolver a la recesión al que nadie quiere volver, el país espera salir de esta pesadilla que significa tener y mantener un sistema político que no le basta con ser ineficiente hoy se ha convertido en un obstáculo para el crecimiento.

No cabe duda que estamos viviendo la crisis terminal de un sistema incapaz de construir un país competitivo, la falla de origen parece estar en la manera como hemos ido tomando las cosas y permitiendo que personas carentes de principios y valores asuman el poder en diversas instancias de gobierno, de instituciones y de organizaciones políticas que pervirtieron el verdadero sentido del poder como medio de transformación de la sociedad.

La confianza o desconfianza pueden ser la causa del crecimiento o no crecimiento, la falta de confianza afecta negativamente no solo el funcionamiento de la economía, aumenta la distancia social, hace que tengamos instituciones débiles y afecta significativamente el crecimiento, mientras que una mayor confianza social estará siempre asociada a una estabilidad macroeconómica.