Toma oportuna de decisiones


La cuestión de confianza presidencial fue una medida largamente esperada por la población. Es una medida necesaria pero que ya debería haberse dado hace mucho tiempo. La población está cansada de tanta majadería de grupos humanos congresales que traicionaron las expectativas de quienes los eligieron. Los votantes creyeron en los ofrecimientos de campaña, de que trabajarían a lomo partido por el desarrollo del país, de su departamento y de nuestro país. ¿Qué están haciendo en el ejercicio de sus funciones? No trabajan por sus departamentos, no hacen nada por el desarrollo del país. Entonces, ¿qué hacen? Al parecer, están dedicados a dos actividades: A cumplir las disposiciones de sus agrupaciones políticas y en otros casos a hacerse de una carrera profesional. En ambas circunstancias, a actividades eminentemente personales.

Las agrupaciones políticas son los medios por los cuales han accedido a la postulación y alcanzar un cupo en el Congreso de la república. A partir de allí, es el Estado el que se encarga de financiar sus actividades funcionales; es decir, recabar las álgidas necesidades de las regiones, del país, y formularlas en proyectos de normas legales, que permitan propender al desarrollo integral del país. Formular el mejor marco legal, como un sólido y fluido carril por donde el país debe recorrer. A la luz de los hechos, son éstos sueños maltrechos, de quienes ni idea tienen de sus funciones. Están dedicados a recibir la mayor cantidad de remuneraciones, por no hacer nada, por votar a favor de quienes traicionan los destinos del país, por votar a favor de la impunidad, por dedicarse solo a criticar sin planteamientos de nada, por encubrir a quienes delinquen contra el estado, en fin, pagar a quienes son buenos para no hacer nada favorable.

La paciencia tiene su límite y mientras la paciencia transite por un vago largo tiempo, son ingentes cantidades dinerarios que se pierden, que en buena cuenta son del pueblo; y que, además, son voluminosos desprestigios de grandes investiduras implantadas en ésta infante democracia. La cuestión de confianza es un instrumento democrático que permite a un poder del Estado escudarse de atrevidas e innecesarias arremetidas de otro similar que pretende desestabilizar el orden jurídico y la buena marcha del país. Por esa razón, se estima que el alargamiento del tiempo para tomar ésta precisa decisión no le hizo ningún favor al poblador. Es menester que la toma decisiones debe ser oportuna, no solo en el nivel político, también en la empresa y en la vida familiar. La toma de decisiones debe estar muy bien fundamentada y debe darse con singular contundencia. La población aplaude la decisión presidencial, aunque hubiese preferido que sea mucho tiempo antes, porque el mal aumenta cada instante. Dos grupos llamados políticos, esos momentos que tienen a su merced solo los utilizan para seguir procreando más y más maldad solo a su beneficio. Entonces, el tiempo cuenta, las dos serpientes malvadas, aprovechan esos instantes para regar su veneno a más no poder. Muchos dijeron, al fin, más tarde que nunca, porque aquellos sujetos ya se han convertido en afrenta abierta contra el pueblo. Fue el colmo que hayan blindado con su voto a un “defensor del pueblo” que ha traicionado a la comunidad. Nadie entiende, cómo la gente con cargo público, con altas remuneraciones públicas, pueda trabajar contra los intereses del pueblo a vista y paciencia de toda la comunidad, como si fuesen personas que han perdido la noción del tiempo real, como si la tecnología las ha automatizada. Algunos se imaginan como si estuviésemos viviendo en otro planeta, o como si aquellos ilusos personajes han perdido la noción del tiempo, como si sus rostros carecieran de alguna errada gota de sangre, como si fueran ermitaños en la isla llamada país. Hay tantos actos que la gente de a pie no entiende, mucho menos los niños y los jóvenes, más aún cuando observan en los medios visuales a algún sujeto auto eliminado, de quién alegremente la gente comenta sobre todas esas escenas fueron circenses.

Si el pueblo ha determinado con su voto los cambios políticos, tenía el Presidente desde ese instante toda la autoridad de implementarlos, y no puede un puñado de cien odiados individuos pretender obstruir. La decisión del pueblo debería haber sido implementada inmediatamente después de la expresión popular. Por tanto, la toma de decisiones debe ser oportuna.