El paro agrario de hoy y hacia donde vamos


Los problemas de los arroceros no son solo de los productores. Sus problemas son también nuestros problemas. De quienes creemos en que la actividad en el campo debe merecer la aplicación de una política coherente, sin llegar al asistencialismo; y también de los neoliberales que piensan que a los agricultores se les ha dado todo, mientras se masturban felices con los privilegios y las exoneraciones que les dan a los agroexportadores, por ejemplo.

Para comenzar, a pesar de todos los manuales y “lineamientos” de política agraria no existe una planificación seria para el campo agrario. Existe sí, un institucionalizado voluntarismo emocional. El proceso de institucionalización, que es uno de los ejes principales del sector agrario, no se aplica porque, sencillamente, nadie entiende de qué se trata, menos quienes lo promueven. Sin embargo, esta llamada “institucionalización” debe ser transversal a todo el proceso porque si no entendemos vamos a estar perdidos como Marco. Y dentro de todo ello, clarificar los procesos y no distraer esfuerzos creando más instancias paralelas.

Como señala con precisión el Ing. William Boris Gallegos Mendoza, a los agricultores ya no se les debe considerar como “nuestros” beneficiarios, sino comprender que ellos son los “socios” de todo el proceso. En el esquema del desarrollo no hay hermanos menores, todos cumplen un rol y los roles tienen que asumirse con responsabilidad. Como le enseñé a un dirigente arrocero al decirle que él no tiene que ir a pedirle al molinero un adelanto por su producto entregado, sino decirle con autoridad: “Señor, le he dejado diez toneladas de arroz y quiero que me abone hoy día el cincuenta por ciento de la venta en mi cuenta corriente”.

El rol del Estado es facilitar el proceso del desarrollo integral y armónico en el campo, dejando sus miedos, rompiendo esquemas, salir del cuadro, dejar los compartimientos estancos. Por eso me gustaría saber en qué consistirá la reestructuración del Ministerio de Agricultura y Riego, como ha anunciado Fabiola Muñoz, actual Ministra de Agricultura. El hecho que sea abogada no le quita autoridad para dirigir un proceso de modernización en el campo. El tema es que quienes la acompañen tengan corazón y criterio para abordar el tremendo desafío, porque de una vez por todas deben terminar los pliegos de reclamos de los productores y que ellos alcancen la plenitud de sus vidas, porque el trabajar en el campo es un sacrificio y los liberales jamás lo entenderán. Y viene a mi memoria esta frase de “Casandra”, aquella obra de Benito Pérez Galdós: “Eso es hoy el agricultor castellano: santo condenado y guerrero sin gloria”.

No tengo vocación de adulón ni de sobón, pero mi imperativo moral me obliga a reconocer que recién en este gobierno se está promoviendo una plataforma que debe articular el proceso del desarrollo sostenido en el campo, y es el Comité de Gestión Regional Agraria, donde los alcaldes, como gerentes de sus territorios, cumplen un rol fundamental dejando de ser los convidados de piedra. Los alcaldes deben ser los primeros en estar informados de qué cosas se están haciendo en sus jurisdicciones.
Si a esto se suma el entender con precisión lo que es la Revolución Productiva, como propone el gobernador Pedro Bogarín Vargas, se logrará hacer mejor los procesos. Entonces, es necesario saber a dónde queremos llegar, articulando todas las etapas, que incluya el crédito agrario, como parte de la planificación. Si no entendemos esto, estaremos perdidos. [Asociación Comunicando Bosque y Cultura – Comunicando]