Señor Hugo Melendez, no defraude como los demás alcaldes


Señor alcalde del distrito de Morales, Hugo Meléndez, Usted ganó las elecciones para que los habitantes de este distrito tengan una mejor condición de vida urbana, y tengan la seguridad que el tributo que pagan sea de la mejor manera administrada y no se juegue con el destino de cada moralino que hace años viene esperando que las calles de este distrito sean, sino asfaltadas, por lo menos bien afirmadas con un buen material, que no levante polvo en tiempos de verano, y que no sea un lodazal en tiempos de lluvia, como siempre ocurre: viviendo estoicamente al desplazarse por calles en total desgracia.

Usted ganó las elecciones para darle un nuevo rostro a esta comunidad, donde los sucesivos alcaldes anteriores no solo le desdibujaron dándole una característica pequeña y estática, como que estaría cada vez más congelada en el tiempo sin ninguna esperanza de ver crecer un rostro urbano y atractivo; su temperamento social y emotivo a través de sus ciudadanos están cada vez más resentidos y decepcionados de sus autoridades elegidas.

Usted ganó las elecciones no para que priorice a sus grandes y condicionales amigos para otorgarles puestos ocupacionales en el municipio, como que ésta institución fuera una agencia laboral que pone periódicamente en competencia varias ocupaciones, incluso se sienten con derecho a muchos beneficios jurídicos y laborales, ya sea para presionar a ser nombrados y recibir ciertos emolumentos.

El ciudadano de Morales se pregunta cuáles son los avances y el proceso de investigación sobre el famoso chat de la conversación que muy bien se cocinó en la gestión anterior y que estaban conscientes que lo que estaban haciendo no era legal, pero sí atentatorio contra los intereses del pueblo moralino.

¿Sabrá el ciudadano de Morales que estos señores de esta conversación oculta, para ejemplo de las demás autoridades, sean realmente sancionadas por la justicia? Debe quedar precedente que los delitos cometidos por los funcionarios de cualquier entidad pública deben ser castigados, previa comprobación del delito, evitando así sanciones o encierros injustos. Sobre todo los encierros injustos se dan en sistema de justicia dictatoriales, donde el ciudadano pierde todos sus derechos, y el poder de la dictadura los acapara todo, como fue el sistema dictatorial de Fujimori-Montesinos.

A ver, señor alcalde, Hugo Meléndez, pase usted a la historia del recuerdo positivo, cuando sin excepción de ninguna calle del distrito de Morales, empiecen a verse totalmente impecables en su arreglo urbanístico. Solo así el ciudadano moralino se sentirá que es representado por su autoridad y no tomarse las fotitos de vez en cuando en eventos nada importantes y nada significativos para los intereses de los ciudadanos.

Qué sentido tiene elegir a un ciudadano para alcalde cuando lo que hace es lo mismo que los demás: no arregla las calles, no presenta los proyectos de desarrollo social y económico, no fiscaliza a las gestiones anteriores. Es más, quedan congeladas sus comunicaciones con los ciudadanos como que fue utilizada solamente para las elecciones, y luego se dice en su conciencia: -“Continúen ustedes con su propia vida, y yo con la mía”.

Esto viene sintiéndose en el distrito de Morales. Usted señor alcalde empezó a conocer a profundidad la idiosincrasia de su pueblo: un pueblo tranquilo, pasivo, fiestero: por ser el centro de todas las discotecas de San Martín; no reclama, no protesta, acostumbrado o quizá hasta resignado a la mala suerte de tener malas y pésimas autoridades, que no se ve que es representado por la gestión de una buena autoridad.
Conociendo la idiosincrasia de su pueblo, se siente contento, porque sabe que no le reclamarán nada y no le exigirán tampoco nada. El ciudadano moralino, como cualquier otro ciudadano de otro lugar, vive su día a día, preocupado en llevar el pan a su casa, y pasa a segundo plano la observación y vigilancia permanente que debe poner en sus autoridades elegidas, importándole poco la realidad social, económica y urbana de su pueblo.