El político con dignidad no termina en la peor fatalidad


El Perú fue testigo del verbo lúcido y florido del señor Alan García, que tuvo la mejor estrategia según él para quitarse la vida y poner fin a una larga investigación que permanentemente venía siendo postergada muchas veces por jueces flexibles que el aprismo, así como el fujimorismo buscaban estrategias para rehuir y esconderse de las investigaciones judiciales.

Una instancia judicial dominada por los fueros políticos de los que gobiernan, son los que siempre caen en las redes dominantes del poder. Aseguran el “prestigio” político y aseguran el entorno de los que les acompañan. Jefes políticos como García que fue, siempre se presentarán como los “inmaculados” y cantarán victoria de éxito a costo de mucho “éxito económico”, cuando muchas veces por debajo de las normas y actitudes correctas se tejen muchas especulaciones que nunca se aclaran. Hasta que esto no se aclare, los grupos políticos y los inmersos en la arena política siempre sembrarán dudas de sus actitudes, más que seguridad; siempre sembrarán comentarios negativos más que los positivos; siempre sembrarán resentimiento social en las poblaciones de ciudadanos deseosos de cambios positivos, pero que se ven mellados por la actitud negativa de los que dicen ser líderes políticos.

Esta cruz estaba cargando García Pérez, cuando le estaba llegando ya a montones muchas investigaciones que se iban aclarando y se iban revelando gracias precisamente que en estos tiempos actuales se viene contando con destacados jueces y fiscales que en los gobiernos de García y Fujimori, lógicamente el Ministerio Público y el poder judicial estaban totalmente secuestrados y atados de manos para omitir sus sagradas responsabilidades de administrar una verdadera justicia que no existía.

Esa ausencia de justicia seguía presente y en algunos casos iban de menos a más en los gobiernos de Toledo, (que está prófugo de la justicia), y en el gobierno de Humala, que tuvo varios meses de prisión preventiva, juntamente con su esposa, pero por la tardanza de malos jueces para hacer un trabajo de investigación impecable incluyendo la sentencia, se vieron facilitados a gozar una vez más la libertad.

Hoy se ve algo de justicia y todo esto se acerca a los fueros judiciales, de tal forma que para García esto fue el fin de su vida política y el fin lógicamente de la libertad, porque existen muchas evidencias de los 24 millones de dólares que fueron repartidos por Odebrech para beneficios personales, distribuidos en 10 millones para influencias personales y 14 millones para el extinto finado, que lógicamente fue a través de testaferros, por ello es que siempre con toda seguridad cantaba su inocencia y que hasta llegó a decir que él no nació para robar.

Muchos políticos en la historia de la política nacional y del mundo se enriquecieron en base a dinero mal habido y que llegaron a disfrutar de ello a través de los testaferros. Estos personajes aparentemente viven en ciertas “limitaciones” para confundir a la gente y piensen de lo mejor en ellos, y son los que permanentemente se presentan a las campañas electorales a buscar votos, haciéndose llamar como los políticos y profesionales de la sociedad con vocación de servicio.

Una vez ganado se aprovechan de las grandes influencias de las empresas más competitivas y los hacen ganar licitaciones millonarias para las obras públicas, dejando en el camino a otras empresas también competitivas, pero que no están influenciadas y amarradas con el poder político, y son los que siempre pierden las referidas licitaciones.

¿Los políticos aprenderán con el suicidio de Alan García? ¿O buscarán pretextos para decir que se mató un héroe y que deja secuelas de dignidad con su muerte? Un político con dignidad jamás puede terminar de la forma como terminó Alan García. El político con dignidad no solo se presenta a la sociedad periódicamente a buscar votos; el político con dignidad se enfrenta a la justicia y no corre de ella como Toledo que vive a sus anchas en EE.UU, y que como García canta hasta la saciedad de que es un perseguido político más no un ladrón; un político con dignidad no trabaja con testaferros para enriquecerse a nombre de otros y no llega al desenlace fatal como llegó García.