Mi cuerpo no quiere contigo


“¿Por qué tan sola?” “¿Te acompaño?” “Qué buenas piernas” “Qué rica que estás” “No seas tímida, sonríe”, estas frases siempre acompañan a una mujer, a sus piernas, a sus senos, a sus brazos, a su rostro, a todo su cuerpo. Palabras en boca de orangutanes que piensan que eso seduce, halaga y enamora.

La sociedad sigue igual de jodida. A unos días de haberse conmemorado el Día Internacional de la Mujer, me vuelvo a dar cuenta que los hombres siguen reaccionando como si las mujeres fuésemos un pedazo de carne que hace falta aderezar para comer.

Hace unos días, como de costumbre saqué a mi perro de cuatro patas a su salida matutina, sin imaginarme que eso malograría el resto de la mañana y la tarde, pues un grupo de 10 hombres que trabajaban con un poste de alta tensión no tuvieron mejor idea que llenarme de frases morbosas una, dos, tres, cuatro y no sé cuántas veces más. Desde lo deseable que estaban mis piernas, lo bien que me quedaba el short, lo sexy que se me veía paseando al perro, hasta ofrecerse a acompañarme para no estar sola, era lo que me ofrecían frescamente esa manchita de hombres repugnantes.

La cosa no quedó ahí, puesto que durante las 10 veces que pasé en moto por la esquina de mi casa, me seguían lanzando frases de alto calibre y por obvias razones, mi rostro no era amigable, pues trataba de controlarme y no estallar. Mi paciencia se acabó cuando un regordete me dijo “¿Por qué tan molesta, mi amor?, en ese instante mi volcán interior explotó, solo recuerdo que frené mi motocicleta en seco y le aclaré que mi estado de ánimo no era de su incumbencia, como tampoco lo eran mis piernas, mis senos, ni ningún rincón de mi cuerpo, además le informé que lo que hacía era acoso. El regordete se quedó paralizado y las risas del grupo que lo acompañaba se esfumaron, todos pusieron “cara de yo no fui”, porque irónicamente así son los que se creen “machazos”, en grupo atacan, pero cuando les ponen en su sitio, se orinan en sus pantalones.

Lo antes expuesto, es un claro ejemplo de lo que todas las mujeres vivimos a diario y me atrevo a decir TODAS, porque simplemente es así y eso pueden corroborar preguntando a sus hermanas, hijas, esposas, novias, enamoradas, amigas, vecinas y hasta madres, a todas nos pasa y en vez de hacer algo para que esto no suceda, simplemente optamos por callar y dejar pasar, volviendo esto parte de la sociedad, como algo natural y no es así. Por mi parte, yo hablo y actúo.

Lo peor es que todos, quizás hasta tú que estás leyendo esto, pensarás que soy una exagerada, pero no es así, todas queremos vivir dentro y fuera de su casa con tranquilidad. No es exageración, porque algunas víctimas son menores de edad, escolares que transitan por las calles y que tienen miedo a defenderse o de contar a sus padres, quienes a veces no les creen o les tildan de exageradas.

Un acoso callejero también es violencia y esto no es exageración, es una realidad que puede convertirse en una violación o asesinato y casos para contar hay muchos, como el de Eyvi Agreda, la mujer que fue quemada en un micro cuando regresaba a su casa ¿Qué sucedió con ella?, después de estar inducida varias semanas a un coma, MURIÓ y de esa hecho han pasado años y en la sociedad nada ha cambiado, todo sigue igual o hasta peor.

A pesar de todo tengo esperanzas que el acoso y la violencia callejera se terminen por erradicar y que las mujeres puedan caminar por las calles sin miedo. Todos queremos un mundo ideal y el mío es así.

Mi cara, mis manos, mis piernas, mis senos, mis glúteos, todo mi cuerpo es mío y no quiere contigo, weon….