Esopo: Tres Fábulas._Las Lágrimas del rico – Los Hijos codiciosos – ¿Quién le pone el Cascabel al Gato?


¿Quién es este hombre cuya vida parece estar signada en medio de un destino grandioso y trágico a la vez?

La historia lo rescata de entre las brumas de la leyenda en la Grecia del siglo V a.c. siendo esclavo.
Feo y contrahecho; sin embargo por su buen carácter ocurrente y discreto y lo ingenioso de su talento logró conseguir su libertad.

No dejó texto escrito alguno. Se dice que no dominaba la escritura, por lo tanto ni ayo ni maestro podría ser. La tradición oral ha llegado a recopilar más de 360 fábulas. Poetas, oradores y filósofos como Aristóteles las utilizaban en sus escritos y discursos. Su influencia fue tal que podríamos afirmar: Esopo fue a la fábula lo que Homero al poema épico.

Como a Sócrates, él también fue condenado a muerte. En su caso por causa de viles intrigas acusándolo de robo sacrílego.- Morir despeñado, arrojado al abismo por una turba enfurecida es muy diferente a sufrirla bebiendo heroicamente la cicuta.

Un hombre que nos legó el mejor medio didáctico y artístico a la vez, una especie de filosofía práctica con máximas y preceptos morales induciendo a la rectitud del comportamiento y especialmente para los niños en sus profundas y sencillas moralejas, aplicables a toda la humanidad. Este hombre murió totalmente desprestigiado como un personaje corrupto; este hombre que enseñaba con fantasía y realismo a la vez, profundo conocedor de virtudes y defectos del ser humano, aquí lo reivindicamos como un genial y epónimo maestro.

LAS LÁGRIMAS DEL RICO.
Murió una de las hijas de cierto señor muy rico y según la costumbre de aquel tiempo, pagó a muchas mujeres para que le llorasen. La otra hija, sorprendida, se acercó a su madre y le dijo:

-Madre mía, ¿Cómo nosotros que sentimos la desgracia, apenas lloramos, y esas mujeres, que ni siquiera conocían a la difunta, se deshacen en llanto?
La madre le contestó:
-Hija mía, no te extrañes: esas mujeres no lloran lágrimas, sino monedas y ya sabes que las monedas son las lágrimas del rico.

EL LABRADOR Y SUS HIJOS CODICIOSOS.
Un anciano labrador tenía dos hijos. Estando gravemente enfermo los reunió y les dijo: “Hijos míos, me muero, pero antes quiero decirles que toda la fortuna que puedo dejarles y que se repartirán entre los dos es la granja y las tierras que deseo sigan cultivando pues en ellas, a dos pies de profundidad hay un tesoro.

En su angurria, creyeron los hijos que hablaba de un tesoro enterrado. Y así después de su muerte, se pusieron a cavar su tierra palmo a palmo. Llenos de fatiga, extenuados, no hallaron tesoro alguno; pero la tierra, perfectamente removida y abonada les dio abundante cosecha.

Sin embargo, nuevamente pensaron en el oro enterrado y removieron sus campos con el mismo resultado. De esta manera se acostumbraron al trabajo y al ciclo de las estaciones. Fueron comprendiendo así que todo sólo había sido una treta para disciplinarlos y acostumbrarlos al trabajo. La tierra perfectamente abonada les dejó abundante cosecha como justa recompensa.

El mejor tesoro siempre lo encontrarás en el trabajo adecuado.

¿QUIÉN LE PONE EL CASCABEL AL GATO?
Era cuestión de vida o muerte; el peligro se cernía sobre los pobres, de los que quedaban muy pocos debido a las constantes cacerías del felino. El enorme gato ya había dado cuenta de más de la mitad de ellos.

Tuvieron una reunión y el ratón más anciano, sabio y prudente, sostuvo que era urgente, vital, dar con una manera de esconderse a tiempo y evitar tanta matanza. Todos estuvieron completamente de acuerdo. Uno de los asistentes propuso atarle un cascabel al cuello del gato y que sonara fuerte. Excelente solución. Pero en medio del entusiasmo surgió la pregunta ¿Y quién será, el valiente que se atreverá a ponerle el cascabel al gato, a ese monstruo?
-Yo ya he aportado con la idea. Que otros vayan a los hechos –dijo alguien.
-Yo ya soy demasiado viejo -se disculpó otro.
-Yo no puedo arriesgarme, soy el jefe y si algo me pasa. . .
-Ni pensarlo ¿Cómo quedaría mi familia si fracaso? Pretextó otro.
Y la muy importante reunión terminó sin llegar a ningún acuerdo.

Fácil es hablar; muy difícil concretizar.