Los agricultores del Planeta


Quizá miremos de soslayo, porque ellos, los campesinos, los que trabajan el campo, son agricultores. La madre riñe al hijo: “Estudia haragán para que seas un profesional y no agricultor como tus padres”. La agricultura es la actividad dedicada a la producción de especies vegetales alimenticias e industriales. El agricultor que se dedica a producir café es denominado caficultor. El que produce cacao se llama cacaotero. El que produce maíz se llama maicero. La producción agraria no es tan sencilla y segura como parece. Es una actividad muy relacionada al negocio, porque lo que se produce en el campo hay que venderlo en el mercado. Pero, no siempre lo que se planifica termina en resultados de cosechas favorables. Así como todo negocio tiene sus problemas, la agricultura también tiene los suyos: Ausencia de semillas certificadas, plagas, enfermedades, mucha lluvia, ausencia de lluvias, heladas, ausencia de peones, mucha insolación, altas temperaturas, bajos precios, limitados compradores, trochas carrozables en malas condiciones, vehículos malogrados, sobreproducción en la zona, etc. Cuando un agricultor va llevando al mercado una porción de su producto, para saltar al intermediario, recibe ráfagas de rebajas de la gran mayoría de compradores. Los intermediarios le hacen la camita al ponerse de acuerdo para no comprarle, para que el productor procure vender en el desierto lleno de incertidumbre, porque no está preparado para vender, hasta que al final termina vendiéndoles a precios muy bajos.

Pero, los que trabajan el campo no son los únicos agricultores, también son los padres de familia de las urbes. El cuidado de las plantas por el agricultor es similar al cuidado de los hijos por los padres. El agricultor selecciona las semillas, que deben proceder de plantas escogidas con especiales características, como plantas hermosas, sanas, de buen porte, tolerantes a plagas y enfermedades, de rostro lozano, con altos rendimientos y muy agradables. Las actitudes previas de los padres también son la selección natural de las parejas, quienes luego de estudios minuciosos determinan la persona ideal que cumple los requisitos para pareja y para papá o mamá. Seguidamente el agricultor procede a sembrar las semillas después de preparar el terreno. Las personas se preparan en noviazgo y matrimonio para luego sembrar las semillas naturales que trae como resultado hijos del hogar. El agricultor cuida de la planta, en su salubridad, que no sea atacada por plagas ni enfermedades, que esté podada, abonada, hasta que encuentre la edad productiva; por su parte, el padre cuida del hijo en la alimentación, la vestimenta, la casa, la salud, la educación, hasta que alcance la madurez reproductiva. Finalmente, el agricultor procede a la cosecha de los frutos de la plantación; análogamente, el padre cosecha los frutos de los hijos cuando se independizan, tienen sus hijos y viven felices.

Entonces, los agricultores del planeta no son solamente los que cultivan el campo, sino son también todos los padres de familia. La vida de una persona es idéntica a la de una planta. El funcionamiento es el mismo, desde las células hasta los órganos; aunque inclusive la célula vegetal es más compleja que la animal. Las plantas tienen la función de asimilar su propia energía con la influencia de los rayos del sol. Las personas obtienen esa energía mediante la alimentación. Después, las demás funciones son totalmente similares, desde las venas y arterias por donde se desplazan las sangres sin oxígeno y con oxígeno; y el floema y xilema, que también son conductos como las venas y las arterias por donde se desplazan savia elaborada durante la fotosíntesis y agua proveniente del suelo. En la reproducción sexual, así como los granos de polen de las flores fecundan los óvulos; igual, los espermatozoides fecundan los óvulos de las mujeres. Entonces, ¿qué diferencia encontramos entre las plantas y las personas? En realidad existen pocas diferencias, resaltando que los animales y las personas, carecen de capacidad de elaboración de carbohidratos para su energía; además, que no necesitan moverse para realizar las mismas funciones que los animales y el hombre.

Los agricultores del planeta no son solo los que trabajan el campo, produciendo los alimentos para las personas de las grandes urbes, sino los agricultores del planeta son todas las personas que viven también en las urbes. No hay necesidad de mirar de soslayo a los agricultores, porque así como ellos también somos nosotros, los agricultores de nuestros hijos, a quienes hay que cuidarlos desde la fecundación, en la niñez y juventud. Hay que abonarlos con sus alimentos diarios, para que obtengan sus energías que no pueden producir como las plantas. En vez de mirarlos de soslayo, hay que abrazarlos llenos de orgullo, porque son prójimos a quienes hay que apreciarlos como a nosotros mismos, son los que con sus trabajos diarios proveen los mercados de alimentos.