El monje furioso – La dama del wolswagen El mito como equivocada interpretación de valores e ideales


Entre aciertos y errores el hombre ha ido creando a través de la historia, la civilización y la cultura. En su lucha por dominar el mundo material, establecer un orden social y realizar su personalidad valiosa, ha equivocado muchas veces el camino y ha falseado los valores e ideales, lo cual ha traído consecuencias trágicas que se reflejan en ciertas instituciones, obras de arte, formas abominables de gobierno y también en ciertos mitos.

Algunos de ellos son frutos de una perniciosa concepción de valores; se les encuentra en sociedades en crisis; en civilizaciones caóticas y por lo tanto abundan en la nuestra. Pongamos como ejemplo el mito del sexo; al que Freud ha contribuido con su pansenualismo. La sexomanía moderna se ve por doquier. Se le trata de encontrar siempre un origen sexual a toda manifestación humana individual o colectiva. La libido gobierna al hombre que no es más que un animal con placertropismo positivo antes que un ser transcendente; libros, espectáculos, obras de arte, en fin, casi todo está teñido de sexo. Contra ello lucha el Cristianismo propugnando la transfiguración del sexo por el amor. Cervantes, desde esos tiempos, ya lo advertía en estos versos.
“El amor es infinito
Si se funda en ser honesto,
Y aquél que se acaba presto
No es amor sino apetito”.

Sin embargo no perdamos de vista que los extremos se desperdician. Sería caer en el mismo tipo de error haciendo del sexo un tabú social hacia un puritanismo represor, origen de tantos problemas que acrecientan la neurosis del hombre moderno.

EL MONJE FURIOSO.
Dos monjes Zen Iban cruzando un río. Se encontraron con una mujer muy joven y hermosa que también quería cruzar, pero tenía miedo. Así que un monje la subió sobre sus hombros y la llevó hasta la otra orilla.

El otro monje estaba furioso. No dijo nada, pero hervía por dentro. Eso estaba prohibido. Un monje budista no debía tocar a una mujer y este monje no solo la había tocado, sino que la había llevado sobre los hombres.
Recorrieron varias leguas. Cuando llegaron al monasterio, mientras entraban, el monje que estaba enojado se volvió hacia el otro y le dijo:
–Tendré que decírselo al Maestro. Tendré que informar acerca de lo que ocurrió y que está prohibido.
— ¿De qué estás hablando? ¿Qué está prohibido? –le dijo el otro.
— ¿Te has olvidado? Llevaste a esta hermosa mujer sobre tus hombros –dijo el que estaba enojado.
El otro monje se río y luego dijo:
–Si, yo la llevé. Pero la dejé en el río, muchas leguas atrás. Tu en cambio todavía la estás cargando. . .

Otro es el mito de la riqueza: el dinero comenzó por ser un sentimiento del deber y se convirtió en expresión del poder, en un endiosamiento del dinero, un instrumento de dominación: la persona humana muchas veces pasó a ser catalogada según su condición económica. De las crónicas policiales pasó al folklore popular citadino la siguiente leyenda urbana:

LA DAMA DEL WOLSKWAGEM
Un distinguido caballero pasaba no pocas dificultades para parquear junto con un empleado su Land-rover en un sitio del atestado estacionamiento del edificio público, hasta que logró hacerse de un lugar. Pero, en eso, se adelantó rauda, una dama en su Wolskwager, ubicándose en el espacio que había sido tan trabajosamente desocupado.
–¡Oiga, cómo se atreve! ¡Ese sitio lo desocupé para mi!
–Señor –le contestó la dama desafiante–, ¡este mundo es de los vivos!
Muy molesto, el hombre impactó la culata del wolkswagen ante la mirada atónita de la mujer y antes de que ella pudiera reaccionar le alcanzó su tarjeta personal y le dijo:

–Se ha equivocado Ud., señorita; Sepa usted: este mundo no es de los vivos!
¡Este mundo es de los ricos!. James, saca esta chatarra y ocúpate de que le den otro auto nuevo a la dama.