2018 o el año de nuestras desventuras


A lo largo de nuestras existencia siempre llegarán esos años que serán turbulentos o que nos obligará a hacer una reingeniería de nuestras vidas. Nos sucedió como país, con el descubrimiento de la mafia judicial que nos desnudó como sociedad y que desembocó en casos vergonzosos y tragicómicos. En el aspecto personal, con nuestra propia tragedia del que poco a poco iremos recuperándonos porque la vida continúa y es una obligación que así sea.

Como país sabemos que el gobierno central se enfrenta a sus propias limitaciones y donde parece que no tienen el horizonte claro porque ya vamos para los tres años y nada impactante está a la vista y, como están las cosas, pareciera que es hora que comencemos a dudar. Pero es el mejor de todos de estos últimos veinte año. En el plano regional, hoy inicia un nuevo gobierno que tiene que mirarse en el espejo de la gestión que termina porque de las experiencias ajenas se aprende. Aquí vale la cita que siempre he expresado: “La experiencia no es lo que te sucede, sino lo que haces con lo que te sucede”. En este caso, con lo que les sucede a los otros, o como terminan.

La clave de un buen gobierno es saberse rodear de la gente adecuada. Hay gestiones que comienzan trayendo ´expertos´ de otras partes cuando tienen personas idóneas cerca. Les obnubilan los títulos y los pergaminos, cuando esto no es cierto como alguna vez contó Miguel Ángel Cornejo en una entrevista que le hizo César Hildebrandt. A los nuevos poderosos –que lo serán por cuatro años— les digo con la experiencia que me da el haber estado en diferentes niveles de gobierno, que los títulos no son suficientes y que lo fundamental es que tengan criterios, que sepan cual es la misión y visión de las organizaciones y conozcan sus culturas organizacionales. Si no saben eso, es mejor mandarlos de regreso de donde vinieron,… pero en balsa.

Respecto a la gestión de Víctor Manuel Noriega Reátegui, he afirmado que fue un gobernador honesto porque, al comenzar su gestión en el 2015, declaró que César Villanueva le dejó una valla muy alta que no pudo superarla. En otra oportunidad dijo que no tuvo funcionarios honestos. Solamente una persona sincera podría expresarse como lo hizo don Víctor Manuel. Pero la culpa fue de él mismo porque él los designó o los tuvo de paseo por todas las entidades. Las nuevas autoridades –mirándose en el espejo del pasado– lo primero que deberán tener es un plan mínimo realizable y saber que no están llegando para inventar la pólvora.

No quiero dejar de expresar mis condolencias, y de manera especial de mis primos López Arévalo, que residen en los Estados Unidos, por la desaparición de nuestra tía Diomar del Águila Velásquez, esposa que fue de mi tío Ghunther Arévalo Pinedo. Ellos constituyeron una familia notable y de arraigo de esta ciudad de Tarapoto. La tía Diomar fue una bella y notable deportista que brilló en la disciplina del basquetbol. A ocho días de su partida, nuestro sincero homenaje a su memoria y nuestras condolencias a su esposo y a sus numerosos hijos que le sobreviven. [Comunicando Bosque y Cultura].