EL PRINCIPITO Antoine de Saint- Exupery


Una novela breve, un cuento poético, un relato autobiográfico; ubicado también en la literatura infantil por la forma en que está escrito, este libro rebasa todos los límites y cánones literarios ya que, bien mirado, en realidad trata temas tan profundos y medulares como la amistad, el amor, la soledad, el sentido de la vida; y también formula críticas a cosas absurdas y extrañas del mundo de los adultos “razonables” que somos.

“El principito”. Es una extraña y exótica flor en el desierto. El desierto y la avería de la máquina fueron los que posibilitaron que surja esta peculiar historia. De no haberse producido este incidente, el aviador no hubiera soñado en la soledad del desierto. El niño que hay en cada uno de nosotros no hubiera con insistencia reclamado la atención merecida al hombre que piloteaba su nave.

Por contraposición se manifestó como una urgencia de su yo más interno. Y fue bueno aclararse antes de arrostrar más peligros y tormentas en el cielo en que volaba. Por eso es que quizás es un libro lleno de inocencia y sabiduría al mismo tiempo, porque es un reclamo y un diálogo entre el niño que siempre llevamos dentro y la sabiduría del hombre que ante el peligro, ha cruzado los cielos. Bien por él que en esa obra el niño y el hombre se hayan encontrado en un diálogo que Saint-Exupery supo convertirlo en poesía. Todas las personas mayores fueron niños. Pero muy pocos lo recuerdan y difícilmente suelen evocarlo.

Este es un mundo de apariencias. Lo esencial es invisible a los ojos. Sólo se ve bien con los ojos del corazón.

En ningún pasaje de la historia hay violencia, sino conciencia. Como dijo el sabio: “Lograr la suavidad que da la sabiduría y no la dureza que da la experiencia”. Es también el resultado de este cuento poético.

Mira con los ojos de “adentro”.Lograrás ver la belleza escondida. Desde el desierto, trabajando, soñando se puede llegar a las estrellas como el alma del Principito.

El principito y el bebedor
En su viaje –la vida, el amor, son también un viaje- el planeta siguiente estaba habitado por un bebedor. Esta visita fue muy corta, pero sumió al principito en una gran melancolía.
–¿Qué haces allí—preguntó.
–Bebo –le contestó con aire lúgubre entre una colección de botellas llenas y otras vacías.
–¿Por qué bebes?
–Para olvidar.
–¿Qué? –inquirió el principito.
–Para olvidar que tengo vergüenza.
–¿Vergüenza de qué?
–Vergüenza de beber.
Y el principito se alejó perplejo pensando: “Las personas mayores son muy, pero muy extrañas”.

El principito y el zorro
Después se encuentra con un zorro que, curioso le pregunta:
–¿En tu planeta hay gallinas?
–Sí, muchas –le respondió el niño.
–¿Y cazadores?
–También, con escopetas,
El zorro movió tristemente la cabeza: “Lo sabía. Nada es perfecto en la vida”.
Un zorro demasiado parecido a los humanos. Cuidado con el cinismo. Hasta la ironía está bien. La inocencia siempre lleva una alta dosis de ironía.
–Ven a jugar conmigo—propuso el principito—estoy tan triste.
–No puedo –contestó el zorro –no estoy “domesticado”.
–¿Y qué significa domesticar?
–Significa crear vínculos. Si me domesticas mi vida se llenará de sol. ¿Ves allá los campos de trigo? A mí no me interesan. Pero tú tienes cabello color de oro. Cuando me hayas domesticado, será un recuerdo de ti. Y amaré el ruido del viento en el trigo. Descubriré el precio de la felicidad. Sabré preparar mi corazón. Los ritos son necesarios. Si me domesticas tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mí único en el mundo. Seré para ti único en el mundo: por favor… ¡domestícame!.

El principito y el eco.
El principito subió a una alta montaña y se dijo: “Veré de un golpe todo el planeta y todos los hombres”. Pero sólo vio rocas en forma de agujas bien afiladas.
–Buenos días –voceó al azar.
–Buenos días….Buenos días….Buenos días…..repuso el eco.
-¿Quién eres?… ¿Quién eres?
–¿Quién eres?….respondió el eco.
–Sed amigos míos, estoy solo –añadió el principito.
–Estoy sólo… Estoy solo. . . estoy solo… dijo el eco.
–¡Qué planeta más raro! –pensó entonces–. Es seco, puntiagudo y salado. Y los hombres carecen de imaginación. Sólo repiten lo que se les dice.