Fecha: 11 de septiembre, 2018 - 3:55 am

La Shicapa atrevida


Las aves están pasando socialmente un mal momento.

Está bien que cada especie desarrolle su vida según sus características genéticas y ancestrales en este territorio mancomunado; pero, aumenta el desasosiego de la comunidad, con la intromisión de unas en las vidas de otras, haciendo oídos sordos a las múltiples quejas de las demás poblaciones.

El valor del respeto de una especie a otra prácticamente se ha esfumado. El pipito, como jefe de las aves, trata de poner orden, de hacer notar su autoridad.

En realidad, la mayoría de especies reconoce y obedece a la autoridad, porque simplemente es el orden jerárquico que debe cumplirse si es que realmente se quiere vivir en paz.

Los pipitos, los pucushqueros, las torcazas, las vacamuchachos, los suisuis, los uritos, los loros, los gallitos de las rocas, en fin, todas las poblaciones ponen de su parte para que la vida en esta tierra sea la mejor. Sin embargo, las shicapas al parecer actúan como si carecerían de oídos. Las especies se dan cuenta que viven como si estarían solos en esta maltrecha floresta, se apropian de los alimentos de otros, de los huevos de los nidos diversos, se comen a los polluelos ajenos, construyen sus pequeñas casas de restos y de enseres de otras aves.

En tiempos buenos, añoran las otras aves, las shicapas también mantenían comportamientos saludables, de respeto a los demás individuos, de robos de enseres en pequeña escala, acompañando con sus cantos a las otras aves. De pronto, apareció una shicapa atrevida, muchos afirman que es producto de algún incesto plumífero, que ha organizado a las demás aves de su especie, con el cuento que ella sigue los ejemplos de su ancestro padre, de que juntas las shicapas pueden dominar el mundo selvícola, aun dejando de lado la autoridad del elegante pipito e inclusive reemplazándole en la jefatura de las aves. Las de su misma especie la han escuchado con atención y creen que realmente ellas pueden gobernar éste territorio con su jefa atrevida a la cabeza.

Ahora ya todas son sordas, no escuchan el asqueo de las demás especies, no se dan por enteradas de la repulsión masiva, solo se miran entre ellas y no a las otras. Es que ellas creen que son las aves que representan a las demás, porque prácticamente las demás no son tomadas en cuenta.

Quizá por esa razón, son tan extremadamente atrevidas que hacen de las suyas con total desparpajo a sabiendas que están incurriendo en falta de respeto a los demás individuos.

Así unidas, las shicapas inducen a incautas especies que encuentran en su trayectoria, a unirse a ellas, para supuestamente formar una gran comunidad de aves, que pueda dominar el territorio y hacerla próspera.

Algunas las obedecen porque creen que son planteamientos nuevos y porque además sería bueno que las pequeñas shicapas también gobiernen ésta decadente selva.

Casi siempre son los pipitos los que están al frente de la comunidad de aves, quizá porque tienen el coraje de perseguir a grandes aves como el tatao y la pinsha que se comen sus huevos. El pipito tiene un porte de autoridad y es veloz en sus movimientos, tiene siempre la cabeza en alto y cuida a las demás aves. “¿Cómo pues una shicapa atrevida quiere gobernarnos, cuando ni siquiera tiene porte y se para robando los enseres de todos nosotros?” se pregunta un ave en su canto alegre, parado sobre una rama de ojé.

Al escuchar este canto, las aves de las demás especies, se ponen en alerta y cada cual anuncia la noticia a sus congéneres, para no permitir que la shicapa atrevida se quede con la suya.

Entonces, todas las demás aves cantan al unísono: “La shicapa atrevida, no va. Repiten y repiten todos los días por mucho tiempo. Ya es un himno que la shicapa atrevida no va. Todas las demás aves están notificadas, por supuesto, menos las shicapas, porque ahora están sordas. En algún momento, ésta atrevida se fue a conversar con el pipito y le propuso fuertes condiciones.

El pipito ha mantenido la calma y la reserva. Como jefe de las aves no podía negar el diálogo con un integrante, pero, que la atrevida quiera imponer condiciones al jefe ya es otro asunto: “¿Qué se cree ésta shicapa atrevida para poner condiciones a nuestro jefe? El jefe es el jefe, porque fue elegido y todos debemos respetarle. ¿Y quién le ha elegido de algo a la shicapa atrevida?

Está bien que sus demás shicapas la hagan creer que tiene quizá una gota de poder, pero esa gota no es nada en comparación a nuestro mar de voluntad de todas las demás especies” se dice molesto un ave mientras toma rayos del sol con las alas abiertas en la cima de un árbol seco. Entonces, la molestia se riega en casi todas las aves de la región y emerge otro canto: “La shicapa atrevida, ya está sin vida”, La shicapa atrevida, ya está sin vida”.