Fecha: 9 de agosto, 2018 - 5:10 am

Decepciones y logros de la mayoría en el Congreso


La primera crítica que merece el grupo parlamentario de Fuerza Popular es no haber sabido ejercer su mayoría según el mandato recibido. El temor de ser tachado de “autoritario” por sus rivales y enemigos políticos era insubsistente pues, hiciera lo que hiciera, igual se le colocaría el epíteto de “dictadura parlamentaria”, un mágico y absurdo oxímoron. Dentro de una gran diversidad de modelos democráticos en el planeta siempre hay un Parlamento, y este resuelve todo lo que tiene que resolver por mayoría. Cualquier concesión a las minorías, más allá de lo que dispone la propia ley, no solo es desaconsejable desde la política, sino también una actitud desleal e ilegítima frente a la voluntad popular que definió la mayoría para que se ejerza. Las concesiones proceden cuando se tiene que formar mayoría haciendo alianzas, y no cuando se cuenta con mayoría propia.

La segunda crítica es que Fuerza Popular haya permitido la llegada de al menos una docena de personajes indeseables, incluyendo a los tristemente célebres avengers; pero también otros que han falsificado certificados de estudios, que no cumplen sus obligaciones familiares, que contaban con antecedentes turbios en el manejo de asuntos judiciales o que frecuentaban amistades “peligrosas”. El proceso de selección de candidatos acusa notables deficiencias y, a la interna, debe sancionarse a quienes cometieron tan gruesos desatinos. Queda pendiente el desafuero parlamentario de estos malos elementos —también malandrines de otras bancadas—, absurda y hasta sospechosamente protegidos cuando las evidencias en contra son abrumadoras.

Más allá de todo ello, tal vez la más aguda deficiencia de la bancada de Fuerza Popular sea la carencia de sustrato ideológico. Se constata una manifiesta incapacidad en gran parte de sus congresistas para defender principios políticos que correspondan a la voluntad popular de su electorado. Incluso desde la alta dirigencia del partido cunde la confusión y la indefinición en temas demasiado relevantes para no ser atendidos: hablamos de los empresarios populares y de algunos empresarios tradicionales no mercantilistas, que exigen un mejor clima de negocios; también de mayoritarios sectores conservadores de la sociedad que rechazan la imposición de la ideología de género.

Fuerza Popular muestra además una notoria y penosa impericia tanto para proponer mejoras en el clima de negocios que desactiven el creciente estatismo —terreno fértil para la gran corrupción— como para reducir la trama legal que asfixia a los emprendedores. Y también para impedir que desde el Estado y sus nuevos programas educativos se pretenda perpetrar un adoctrinamiento que la inmensa mayoría de familias rechaza en forma categórica.

Tampoco puede dejarse de lado que se haya perdido la gran oportunidad de establecer claras políticas de austeridad al interior del propio Congreso. Con la complicidad de todos los grupos políticos en la Mesa Directiva multipartidaria que acaba de finalizar su periodo, se establecieron absurdas e inaceptables “gollerías” que —aunque se haya dispuesto su no aplicación a la directiva saliente— nunca debieron darse, y menos aplicarse a anteriores directivas. Si a esto agregamos la gran cantidad de empleados que han sobrepoblado los pasillos y las oficinas del Congreso, estamos ante un manejo absolutamente irresponsable del dinero de todos los peruanos. Siendo tan sensible el tema para los ciudadanos, ya no solo es un error sino una torpeza mayúscula.

Sin embargo, también debemos resaltar algunos aspectos positivos de estos dos años de Fuerza Popular como mayoría en el Congreso. Uno de ellos es la valiente decisión de vacar al presidente Pedro Pablo Kuczynski, frente a gravísimas evidencias de implicación en la trama corrupta del socialista Foro de Sao Paulo, del corrupto Lula Da Silva y las corruptas empresas mercantilistas Odebrecht, Camargo-Correa, OAS y otras, junto a socios locales de esa megacorrupción. Fueron más que notables tanto la gestión de la comisión “Lava-Jato” como la desactivación del aparato mafioso montado por PPK —junto a algunos de sus ministros, abogados “a la carta” y los avengers— para impedir la vacancia con maniobras ilegales, como la compra de congresistas y sus votos a través de dádivas corruptas desde el Estado. El Congreso llevó adelante la gran tarea de expulsar la materia fétida que había secuestrado al Ejecutivo, observando procedimientos preestablecidos y siguiendo el debido proceso. El mundo observó positivamente tanto el castigo a un presidente corrupto como la preservación de la institucionalidad y el estado de derecho.

Otro logro notable del Congreso es haber hecho frente al poder espurio de la concentración de medios, que en el transcurso de casi dos décadas no tuvo reparo alguno en disfrutar de un ilegal subsidio estatal, disfrazado de publicidad estatal. Estos medios no aceptan haber perdido el dinero fácil que recibían desde el Estado, comprometiendo sin ningún rubor su línea editorial a favor del Gobierno de turno. Que hayan renunciado a investigar la enorme corrupción de Toledo, Villarán, Ollanta, Nadine y Kuczynski, entre otros (salvo raras excepciones), los convierte en cómplices evidentes. De hecho, los medios llevan hoy la sospecha fundada de haberse constituido en brazo de la megacorrupción.

El gran reto de hoy para el Congreso, y en especial para la mayoría, es recuperar la confianza de sus electores corrigiendo los errores señalados, además de enfrentar con propiedad la ofensiva en clave de supervivencia que ha iniciado el presidente Vizcarra, con la propuesta de prohibir la reelección congresal. Una estrategia presidencial de supervivencia que propone “hacer pedazos al bebé” —como la madre falsa de la historia de Salomón— si es que no se lo entregan. Veremos.