La Dama del alba Teatro poético de A. Casona


Escuchad atentamente esta historia verdadera que parece un cuento fantástico coronada en tres noches:

1) Primera noche
Una antigua leyenda asturiana asegura que debajo del río existe una aldea cuyas campanas resuenan y son oídas durante la noche de San Juan. Es la fiesta del bautista. En un día como éste bautizaron a Cristo. Esta noche todos los ríos del mundo llevan una gota del Jordán. Noche misteriosa en que también desapareció Angélica, la más hermosa recién casada que se haya visto por esos lares. Todos creen que pereció ahogada y que está en la otra vida allá en esa ciudad de cristal, y solo su pañuelo rojo fue encontrado entre las peñas del río. Desde entonces, entre la familia Nancés, la madre cuida con amor y veneración el recuerdo de la hija desaparecida, ante el dolido silencio de Martín, el marido que la perdió apenas se habían unido en matrimonio.
– ¿Pero, y su cuerpo? –insistía la madre.
– ¡El polvo debe volver al polvo!

2) Segunda Noche
Cierto día llegó una hermosa mujer de ojos tristes en traje de peregrina. Es la muerte que viene en busca de Martín. Pero los niños la cansan con sus curiosas preguntas y canciones de ronda y la hacen olvidar su cita hasta quedarse dormida.
Mientras tanto el destino ha querido que el rayo no matara a Martín en medio de la tempestad, que en cambio logra rescatar de las aguas a una hermosa mujer “suicida”: Adela.
Las cosas deben madurar a su debido tiempo –dice la muerte, pero lo que está en mis libros no se puede evitar. Esa muchacha Adela, no me estaba destinada todavía esta noche. Faltan siete lunas. Es el destino. Yo no mando. Obedezco, solo soy la Dama del Alba. ¿Pero qué misterio es éste que yo misma no alcanzo a comprender?

3)Tercera Noche.
a) La víspera.
Han pasado siete lunas y Marín está perdidamente enamorado de Adela, cuya gracia y bondad han conquistado el cariño de todos y el amor de la madre que le ha cedido el espacio que le correspondía a Angélica, la Santa.
La peregrina, acostumbrada a rondar por entre las cerraduras de las conciencias, ha penetrado otra vez en la casa de los Nancés y contempla la fotografía de Angélica en un medallón. “Hermosa mujer. Así que ésta era la esposa de Martín. No la conozco. No la he visto nunca”.
Luego se oculta entre bastidores para escuchar las desgarradoras palabras del amor de Martín hacia Adela, y quien no pudiendo resistirlo más, rompe su silencio confesándole la traición de Angélica, que huyó con el “otro” esa misma noche de San Juan.
– ¿Por qué guardaste el secreto? – pregunta Adela.
-Para mantener puro su recuerdo. Su madre la amaba tanto como yo. Pero toda su vida fue una mentira, como también lo fue su muerte. Sin embargo, en esta casa todos la bendicen. La peregrina entonces comprende la misión que la ha traído a esta casa.
b) Noche de San Juan
Angélica, la adúltera, ha regresado desilusionada y arrepentida a suplicar el perdón y recuperar su lugar en el corazón de los suyos.
-Las ciudades son demasiado grandes-se lamenta- y allí nadie conoce a nadie. Prima el egoísmo y la indiferencia.
Pero la peregrina, es decir la muerte, le sale al encuentro y le aclara:
-Una vez destrozaste tu casa al irte. ¿Quieres destrozarla otra vez al volver?
Angélica recapacita extrañada: ¿Quién eres tú que me estás leyendo por dentro?
Peregrina: una buena amiga. La última que te queda. Solo te queda salvar valientemente el recuerdo, sacrificándote, dejándote ir.
Angélica: ¿Para qué, si es una imagen falsa?
Peregrina: Que importa, si es hermosa. La belleza es la otra forma de la verdad. Todo el secreto está allí. Primero vivir apasionadamente y después morir con belleza. Decídete y mañana el pueblo tendrá su leyenda… ¿Tienes miedo aún?
Angélica: Ya no. Son las rodillas que me tiemblan sin querer.
Peregrina: Ven. Te ceñiré esta corona de rosas, como si fueras a una boda. Ánimo Angélica. Un momento de valor y tu recuerdo quedará plantado en la aldea como la más hermosa leyenda en flor. Apóyate en mí y prepara tu mejor sonrisa para el viaje. Yo pasaré tu barca a la otra orilla. Ya está empezando a rayar el alba.
Epílogo
Gritos: ¡Ama!; ¡Amita!; ¡Mi ama! Al final se cumplió lo que esperaba: han encontrado a Angélica en el remanso.
¡De no creerlo! ¡Pero todos la han visto!
Madre: ¡¿Qué estás diciendo?! ¡La has visto tú! ¡Habla!
Criado: Allí te la traen. Más hermosa que nunca. Respetada por cuatro años de agua coronada de rosas. Y con una sonrisa buena como si acabara de morir.
Gritos. ¡Milagro!¡Milagro!¡Milagro!
Madre: ¡Dios tenía que escucharme! ¡Por fin la tierra vuelve a la tierra!; ¡Mi Angélica querida! ¡Mi Angélica santa! ¡Hija mía! (Tañer de campanas).