Fecha: 12 de junio, 2018 - 5:00 am

La selección nacional en el campeonato mundial


Se cumple el largo anhelo soñado, frustrado año tras año. Ha sido siempre la meta de la nación, truncada por la malsana corrupción. ¿Por qué esa cultura del entornilla miento? ¿Es que llegan al poder gerencial, administrativo, político personas con severas carencias mentales? ¿Por qué simplemente no se cumple la norma mediante la cual se logra el encargo funcional del cumplimiento de un periodo y nada más? No solo se dio en el fútbol, se da en países hermanos como Venezuela, Bolivia, Cuba, Ecuador, etc. También se dio en Perú. ¿Qué sociedad se desarrolla de manera normal cuando existe de por medio éste entornilla miento? Ninguna. Generalmente éste largo periodo gerencial forzado, antinatural, está íntimamente ligado a la corrupción. Y, la corrupción no es necesariamente el camino que conduce al desarrollo de una sociedad. Existen ejemplos suficientes.

El cambio de administración del fútbol peruano está dando su primer fruto, mediante el desenvolvimiento natural del estilo peruano. El entrenador ha conocido muy bien la experiencia y está explotando las canteras de ese fútbol con muy buenos resultados. El hermano pueblo de Brasil ya no es el único que luce este estilo, ahora en el campeonato mundial ya serán dos países con Perú que lo mostrarán. No había nada que inventar, solo hacer un trabajo natural, libre de malsanas argollas, e identificar a los mejores de todo el país. Aquella cantera que durante muchos años ha estado relegada, esperando su oportunidad.

Tanta ha sido la espera, que en todos los países donde participa la selección, juega como si estaría de local, con tribunas teñidas de rojo y blando, con eufórica entonación del himno nacional.

Aquí, en este escenario futbolístico, se percibe desde todos los rincones del planeta, el legítimo orgullo de ser peruano, con futbolistas que besan su bandera, que lloran entonando el himno patrio, que se entregan con alma y corazón sin mezquindades. ¿Podrá haber otra mejor lección que demuestre el orgulloso de ser peruano? Con ésta muestra clara, tiene que haber un disloque en el comportamiento de todos los peruanos. En adelante, hay la necesidad de hacer extensivo el amor por la patria, de peruano a peruano, de corazón a corazón. A partir de éste instante hay que tratarnos como deberíamos hacer siempre, con mucho amor, mirándonos a los ojos, hay que cultivar la sinceridad, decirnos mirándonos a los ojos lo mucho que nos queremos, así como lo están haciendo once de nuestros deportistas, que cantan el himno bien abrazados.

Ésta fiesta del fútbol no solo es fiesta del deporte, es además una gran fiesta social mundial. No se sabe qué pensar cuando muchos suecos dicen que vendrán a Perú en masa y que pronto habrá en el país más suecos que venezolanos, no solamente porque les encanta el fútbol peruano, sino porque ven al peruano en sus tierras que son gente buena. Esa es la imagen que irradiamos los peruanos, de ser como somos, gente buena. ¿Qué pensar cuando los daneses lanzan una hermosa canción con letras que resaltan las virtudes de los peruanos, de nuestros antepasados incas, de nuestras culturas y sobre todo de las bondades de las personas? En realidad, los peruanos estamos mareados de tantas alabanzas de los pobladores del resto del mundo, ni qué hablar de los vecinos latinoamericanos. Hay necesidad de agradecer con merecida humildad, porque no podemos ser tan buenos como nos dicen que somos, porque en el interno tenemos mucho que hacer para ser mejores. Y no depende de él. No depende del resto de peruanos. Depende de mí. Yo tengo que ajustar mis criterios de vida. Tengo la necesidad de abrir bien mis ojos que miran mi persona interior y achicar mis ojos que miran solo las virtudes de las demás personas. Porque en realidad, no cuento una pizca de autoridad para mirar, peor juzgar los errores de mis compatriotas. Si ellos cometen errores, con seguridad son ínfimos, en comparación a los errores que yo cometo. Si quiero a mi país, en este instante debo comenzar a hacer extensivo el amor que siento por mi compatriota, por mis antepasados, por su cultura. Todo esto es posible, siempre y cuando, cuento en mí ser, con el amor de Dios. Los futbolistas, guiados por sus mamás, miran al cielo, como señal de agradecimiento al Señor, cuando realizan alguna buena jugada y cuando hacen gol. Miremos a Dios, agradecer a Dios por ser tan generoso con nosotros.

Mirar a la selección nacional en el campeonato mundial, no es otra cosa que llena de orgullo de ser peruano. Ahora que se acercan las fiestas patrias, que sea diferente, no necesariamente con marchas callejeras, sino con muestras de amor por nuestro país, dejando la corrupción, mostrando honestidad, cultivando los demás valores que nos enorgullecen como la puntualidad.