Fecha: 16 de mayo, 2018 - 4:35 am

¿Trago o sexo para desahogarse?


Entraba a una licorería, era más de medio día del sábado 12 de mayo. Aún no almorzaba. Agarro una de las botellas del estante tratando de visualizar mejor el nombre del licor. De repente veo que la botella que mis manos agarraban, se volvía trizas en el suelo. El guachimán que estaba a la puerta se acerca al lugar de un solo paso. Una señorita que atendía también hace su presencia al mismo acto de los hechos. Inmediatamente una puerta del frente se abre, un empleado con escoba y recogedor en mano sale apresuradamente a limpiar el licor derramado en el suelo.

¡Maldición! “¿Qué hago ahora? Tendré que pagar, no me quedó otra cosa que decir. ¿Cuánto era su precio? Noventa soles. Sin haber probado una sola gota de ese maldito trago, me hallé obligado a pagar con el dolor de mi corazón los noventa soles.

Me reproché totalmente. Salí cabizbajo con el dolor de mi alma de esa maldita licorería, auto prometiéndome a no pisar sus umbrales nunca más. Previo a esto mi alma estaba solitaria, después de esto, mi espíritu solitario se agudizaba mucho más. Quería desahogarme conversando con alguien. Llamo al número de una amiga.
-“Aloooo…..Aloooo”, “Quién ereeees….alooooo, -reacciona la amiga.
– Y tú quién ereeees, -le respondo,
“Sofíaaaa, -me dice.
-Aya, -le digo, solo quería desahogarme.
-¡Cómo! -me responde…
-Claro, desahogarme, te parece mal, -le aclaro
-¡Cómo! ¡Qué te pasa ah!-reacciona.
-Sí, un gran dolor del alma me pasa, -le respondo, y quiero desahogarme conversando contigo, le indico.
-Aya… -me responde más tranquila.
A lo que agrega algo más:
-“Yo creía que querías desahogarte de otra manera”.
-¿De qué manera? – le pregunto.
-“No te hagas el tonto ya”, -me responde.

Dios mío qué es lo que pasa con los que menos tienen, con los que menos tenemos! El grande financista o empresario nunca pierde. La señorita reaccionaba con su gesto adusto: “tienes que pagar señor”, cuando le dije que la voy a pagar solamente el 50% del valor de su costo. “Tienes que pagar señor, porque yo asumiría el costo total”.

Tenía razón, no podría asumir ella la responsabilidad de algo que no había cometido. El guachimán con una cara seca y áspera, mirándome, me dijo: “se mira pero no se toca”.

Debo reivindicarme con algo o con alguien.

-Alooooo. -Suena mi celular.
– “Qué te ha pasado, amigo, -Es la voz de Rebeca-, me enteré que te hicieron pagar noventa soles por un licor que no has tomado ni una gota.
-Carajo, no sé qué pasa conmigo, -le digo a Rebeca-, Todo es al revés y todo anda descabezado.
-“No te preocupes tanto mi querido amigo”, -me aconseja-, para que te escapes de esto, requiere que te refugies en algo: no es el trago, no son los amigos, no es el sexo. ¿Cuál es ese refugio? Le pregunto, a lo que Rebeca con toda tranquilidad del alma me responde: “yo, querido”, “yo soy ese refugio” -me responde.

Sin más novedad, le respondo:

-“Ah, ya lo sabía. Mis desahogos por supuesto siempre le paso contigo. En consecuencia no tienes porqué ofrecerme tu lindo “desahogo”.
-¡Ayyyyy dios mioooo! -Escucho por el celular lo que se queja. Me sorprende tu situación, me dice sosegándose. “Yo soy la que quiero acompañarte en este momento, no tú, haciendo uso de mi sexo”. A lo que seguía indicándome algo más: “no confundas mi persona con mi sexo: el sexo es pasajero, nos hace vivir solamente un momento, pero yo te ofrezco mi persona que quiero vivir para siempre contigo”.

Rebeca por fin me dio una grande lección. Pensé: ¡Ah! En la mujer no es solo el sexo con la que se la quiere de una mera total, el sexo solo es una mínima parte de la totalidad de amor a una mujer.
Mi desahogo por fin llegó. Ese maldito trago que seguramente fue importado, que al inicio su valor económico me pareció asombroso, fue mitigándose el dolor de haber pagado algo que no consumí una sola gota.

Pero el desahogo llegó a su plenitud, cuando mil gotas de satisfacción, derramé con la amistad de Rebeca.