Fecha: 16 de mayo, 2018 - 4:15 am

Mamá cerebro


Hola mis queridos amigos y lectores de miércoles ya estamos de vuelta como siempre de cada semana para poder hacer entender nuestra manera de pensar y a nuestro estilo promover pensamientos claro de un determinado tema.

Este fin de semana se ha visto las celebraciones pertinentes por las celebraciones por el día de la madre, es el único día que las frases fluyen vertiginosamente, pasan los días todo esta en el mismo cauce sin celebraciones y en silencio para ella. Después de una experiencia de vida sobre el “viaje al cielo de mi madre” como metafóricamente hablamos puedo indicar otra historia. Cada recuerdo es imborrable; me imagino los que todavía tienen son sensibles tratemos de cuidarla cada minuto como es un tesoro en vivo y para aquellos que significativamente siempre recordarla como una joya preciosa.

Hemos visto la compra de miles de rosas, flores, regalos, esperando que no solo ese día pregonen su cariño o su ternura hagan revivir todos los días.

El día de la madre no debe ser una simple jornada comercial o recordarla a través de la letra de muchas canciones desde un bolero, ranchera, balada o vallenato o aquella en que se encierran los hombres en las canciones de despecho.
Las madres se merecen todo lo bueno. Muchos acostumbramos a los regalos, desde los artículos del hogar para llenarla de trabajo, como si fuera poca la jornada en todos los días para atender a sus hijos y al hombre de la casa.

El mundo ha evolucionado y no ha cambiado en absoluto, el reconocimiento que tiene la mujer cuando se hace mamá. El origen es remoto al hermoso día, que algunas veces lo dañan en resentidos hogares por el trago o las rencillas entre hermanos y familiares.

La antigua Grecia en sus celebraciones de la primavera que coincide con el mes de mayo era dedicada a la Diosa Rhea, madre de los dioses (Neptuno, Júpiter y Plutón) en la era cristiana y católica es dedicada a la Virgen María madre de Jesús, hoy llevada a la conmemoración de la Virgen de Fátima.
Otro aparte de esta historia me llama la atención, en el siglo XVII, en Inglaterra se festejaba el “Mothering Sunday”, fiesta en la cual se hacían honores a las madres del país europeo. Durante ese día los trabajadores y servidumbre de condición humilde quienes vivían en casa de ricos empleadores (por las distancias tan grandes entre sus hogares y las zonas donde laboraban) podían regresar a sus casas a visitar a sus madres. Hoy se celebra en 40 países del mundo.
Así como se ha tenido esta tradición y los reconocimientos que ella tiene, como su mismo silencio en que llora sus penas, han sido incontables y aún constantes los atributos que se le hace a la madre, sin embargo, no basta con un solo día, si durante todo el año sencillamente, menospreciamos sus arduos esfuerzos, si durante el resto del año no somos considerados por todos los esfuerzos que invierte al ser esposa, madre y en muchos casos cabeza de familia. Son más preocupantes los altos índices de violencia contra la mujer, sumidas por el maltrato en todas sus formas y queremos escudar este flagelo con un ramo de flores, unos chocolates, regalos personales y los que hacen parte de los enseres de la casa.

Lo comercial debe pasar a un segundo plano y que se sienta que se expresa el amor con el beso y un abrazo a su inagotable vida de madre multifacética, creativa, maestra, hogareña por ese amor que sembró en sus entrañas y le recordamos todos los días en el presente hoy.

Cómo me recuerda este día, la canción de Miguel Robles: “Viuda a los 20 años”. Con mucho sacrifico tuvo tres hijos, trabajó, les dio consejos, estudio hasta que fueron hombres, fue madre y padre. El uno fue abogado, ingeniero y el otro poeta. Los primeros viajaron por el mundo y se olvidaron de su madre, ya vieja se acordaron y volvieron. El abogado perdió sus pleitos y sus sueños; al ingeniero vio caer los castillos al suelo y al poeta cantaron sus versos por el pueblo.