Fecha: 14 de mayo, 2018 - 5:05 am

Recuerdo de mi madre


Ayer 13 de mayo fue la primera vez que pasé pensando en su ausencia eterna, en imaginarme que no está en el cielo sino que continuaba realizando ese viaje hacia la eternidad pasando las líneas elípticas de los giros de las estrellas y galaxias. Sí; realmente la imagino así porque quiero pensar que alguna vez, en el infinito del tiempo, anunciará su retorno. Si la teoría de la relatividad se cumple, a ninguno de nosotros encontrará y es cuando ella sabrá que se ha quedado sola. Y eso me entristece aún más.

Saliendo de esta imagen confieso que a unos meses de su partida no termino de procesar su partida, a pesar que me considero emocionalmente fuerte, que no me doblego y que soy terco y que he superado golpes fuertes y como el whisky Jonnie Walker he seguido siempre tan campante. Precisamente, mientras mi madre vivió siempre estuvo intrigada sobre los asuntos de mi trabajo, los problemas que tuve y nunca quise confesarle.

Precisamente sobre el asunto de trabajo, cuando dejé el Fondeagro, son pocas las oportunidades que tuve que me llamaran y nuevamente este es el momento para expresar mi gratitud eterna a Ramón Ferreira Ribeiro, Carlos Quintos Contreras, Luis Alberto Pretell Paredes, Bernardo Paredes Grández, Max Henry Ramírez García, César Villanueva Arévalo, Willian Ríos Trigozo y Consuelo Ruiz Rivero, Jorge Rojas Rengifo. Y no puedo dejar de mencionarles a Neiro Desiderio Delgado Pizarro, Freddy Pérez Vásquez, Celso Rodríguez Vargas y Kelly Soto Cárdenas, quienes sí lo hicieron.

Después llegarían otras oportunidades que lo disfruto en estos tiempos y que después lo expresaré. Pues nunca quise darle respuestas a mi señora madre por esos malos momentos y casi, como en la escena de La vida es bella, hermosa película que acabo de verla nuevamente en Nettflix, tenía que decirle mentiras para tranquilizarla. Porque así son las madres de ahora y de todos los tiempos: generosas y preocupadas.

Mi madre está viajando hacia la eternidad y lo está haciendo sin esas respuestas que perseguía de manera obsesa. Nunca quise decirle que después que dejé el Fondeagro llegaron para mí momentos muy difíciles. Antes que dejara el Fondeagro fuimos víctimas del resultado de la desinformación que le dieron a aun ministro de agricultura de entonces. Después nos enteraríamos del nombre autor. Sin embargo, agradezco el gesto de Héctor Válcarcel Toulier, que supo comportarse con una decencia admirable, como no lo hicieron otros.

De haberlo dado, la respuesta a mi señora madre hubiera sido esa. Y no podría haberle dado porque los hijos no podemos llevarles sufrimientos a nuestras madres porque queremos que ellas sigan siendo felices en ese edén que construyen con sus hijos. No podemos confiarlas todos nuestros problemas. Con ella debemos construir remansos de plenitud en el duro camino de la vida. Ellas deben vivir siempre radiantes, alegres, sublimes en nuestros recuerdos. Pues siempre guardaremos en nuestra memoria esos instantes de sonrisas puras y que se parecen a esos amaneceres radiantes. Nuestros mejores recuerdos serán esos momentos inolvidables mientras ellas sigan viajando hacia las estrellas.