Fecha: 12 de mayo, 2018 - 4:25 am

Mitos trascendentes: El mito de Carlos Marx Emiliano Zapata: El hombre y la leyenda


El mito de Carlos Marx

Tenemos casos como los mitos alrededor de la democracia, el comunismo, la razón. “A menudo toman tintes casi sagrados que intentan dar sentido a formas de convivencia social y adquieren valor universal y hasta matrices éticos” (O. Paz).

Verdaderas místicas son los mitos que despiertan las ideologías socio-políticas.

Canalizan las energías hacia la acción colectiva. Hay una fiebre religiosa y contagiosa en la emoción revolucionaria hacia la consecución de los ideales de justicia social.

Un claro ejemplo es la ideología mesiánico marxista.

Se presenta como una tentativa de acabar con las luchas que producen las trágicas tensiones históricas para conseguir una sociedad sin clases-sin la división entre pobres y ricos-. Es decir, para acabar con las luchas entre el bien y el mal y conseguir la redención del proletariado. Esto traería como consecuencia el fin de las guerras y sufrimientos de que tan teñida esta la historia y por consiguiente, la implantación de una edad de oro, de felicidad terrenal. Aranguren ve en la concepción revolucionaria de Marx un impulso místico-político, que revive en términos de ideología, un antiguo mito. Nos dice:

Todos los elementos de una historia sagrada están presentes en él: Un estado originario de inocencia y comunismo, un pecado original de división del trabajo separación de clases, una fe mesiánica, no ya en un salvador personal sino colectivo, como corresponde a los tiempos socialistas, o sea, el proletariado, y en fin, el advenimiento de un reino de la perfecta justicia terrenal.

Y es que nuestra época más que ninguna otra, es propicia para fomentar el mito a través de los modernos medios de comunicación. “Poderosos sacerdotes del ritual de nuestro tiempo son la radio, la televisión, la prensa, los libros, el cinematógrafo. Monstruos electrónicos de comunicación de masas a través de la palabra y la imagen”. (O. Paz). En donde menos se espera allí esta disfrazado el mito.

Emiliano Zapata: El hombre y la leyenda
El mito también se comporta como respuesta del hombre ante los obstáculos que obstruyen su camino. A través de ellos intenta abrirse paso, salir airoso, dominar las situaciones difíciles, las circunstancias alienantes opuestas a la plenitud y equilibrio armónico al que tiende siempre. Si bien es cierto que tiene fracasos, algo se cumple. Como vemos, el mito es algo muy real porque la realidad humana la constituye el mundo en que vive y los ideales a que aspira. Sigmund Freud dice: “En los mitos y leyendas, el hombre ha plasmado desde la antigüedad sus ideales de poder y sabiduría totales que encarna en sus dioses a los que atribuye todas las cosas que desea, pero que no puede alcanzar o le están prohibidas. Debe pues deducirse que esos dioses son los ideales de cada cultura”.

Emiliano Zapata al igual que Pancho Villa no sabía ni leer ni escribir, pero tenía un alto sentido de la justicia y se convirtió en el líder de su pueblo sojuzgado. En su persona confluyeron las esperanzas de tantos desposeídos; y fue su pecho como un campo eléctrico que impulsaba y era impulsado a la vez por las ansias de las masas oprimidas; porque en este hombre encarnó el ideal. De un ser personal paso a ser un símbolo revolucionario. Personificó la rebeldía del pueblo mexicano. Su grito de libertad era el grito multitudinario de tantos hombres sin tierra y sin educación que reclamaban el derecho a la vida como seres humanos. Y este hombre consiente de su misión, acepto el sacrificio que le imponía su destino histórico ¿Qué importaba su vida personal si de él dependía la de tantos hermanos y al fin y al cabo, muerto seguía existiendo en los gritos de guerra de su pueblo. Había alcanzado cierta forma de inmortalidad, mejor dicho, necesitaban que siga viviendo. Por eso es que cuando los opresores sufrían descalabros, creían que él era el causante. No faltaba quien hiciera justicia usando su nombre y desapareciera. Zapata seguía existiendo como mito vivo. Escapaba a galope; se perdía en el viento, se convertía en águila; su grito de revolución retumbaba en el trueno. De un momento a otro aparecería triunfante el salvador.

Emiliano había pasado a formar parte de los héroes míticos, qué con el tiempo a falta de pruebas, tal vez se llegaría hasta a dudar de su existencia histórica como hombre, lo cual no tenía mayor importancia porque la persona individual se ha diluido en los sueños del hombre colectivo.