Los cuentos chinos de “las Cumbres”


Acaba de terminar en Lima la famosa “VIII Cumbre de las Américas”, evento que convocó a los dirigentes nacionales del continente americano, que tuvo en esta oportunidad como lema la “Gobernabilidad democrática frente a la corrupción”, que quienes conocemos de historias de eventos al más alto nivel, no resultan más que encuentros de donde salen discursos, promesas y mucha flauta.

Muchos se preguntan, y con justa razón, ¿en qué nos benefician estas reuniones de líderes continentales y mundiales, que son eventos protocolares en donde los organizadores despliegan una tremenda logística, además de gastar mucho dinero? N hablamos de inversión, obviamente. ¿En qué mejora la calidad de vida de los ciudadanos tanta aparatosidad si no se siente en los bolsillos y no se traduce ni siquiera en la llamada esperanza para tener mejores sociedades? Porque Trump seguirá en lo mismo; Putín se hará reelegir nuevamente, Evo Morales ya se eterniza en el poder; Daniel Ortega, el de Nicaragua, ha creado una dinastía, dejando de lado el espíritu sandinista que le llevó al poder; continúa la satrapía de los Castro, que ya va por medio siglo; y en el Perú, aunque Kuczynski ya no está, seguimos con un Congreso de la República, cuyos miembros son la vergüenza nacional (esto ya lo dijo alguien antes).

Las reuniones en ´la cumbre’, se parecen a esos famosos encuentros de “integración”, que organizan las instituciones, y donde los de Picota se reúnen en un aparte entre ellos, los de Bellavista, entre los mismos, los de Tarapoto, entre los de Tarapoto, y así por el estilo. Y esto nos ha hecho preguntarnos a muchos el ¿por qué se organizan reuniones de ´confraternidad´ cuando lo mejor sería que todos se quedaran en sus lugares, porque para tomar unas cervezas mejor me quedo donde resido y punto. Pero esto no es la razón del presente artículo.

Cuando se anuncian reuniones ´en la cumbre´ es el momento en que enarcamos las cejas, miramos de sorpresa a quienes están cerca de nosotros, como preguntando ¿para qué’. Y si se pone como lema a la “lucha contra la corrupción”, podemos darnos cuenta que es el perfecto cuento chino con el que nos embaucan casi siempre. Es como si los congresistas de hoy llegaran a sus pueblos a proclamar que están luchando contra la corrupción y por eso su permanencia en el establo,….perdón, en el Congreso debe continuar por treinta años más, hasta que se hagan viejos y terminen escribiendo sus memorias, como el libro que tengo y que no lo he eliminado para que me sirva como testimonio.

La lucha contra la corrupción significará un esfuerzo titánico. Para esto no se necesitan “cumbres”. Primero, hay que eliminar a los militantes de los líderes corruptos que miran la paja en el ojo ajeno. Segundo, fortalecer la descentralización del país y tener gobiernos regionales que sean liderados por profesionales de la política y quienes desean servir a sus pueblos. Tercero, eliminar el mecanismo de la cifra repartidora para evitar que disparates, analfabetos, incultos y manavalques nos representen. Cuarto: organizar colectivos para “cuadrarles” los bribones. Quinto: Crear mecanismos para que todos participen en la política oponiéndonos frontalmente a Mulder y sus “iniciativas” perversas.