Fecha: 20 de abril, 2017 - 6:22 am

¿Donde está mi huevo?

conaromaycafe

Algunos son más grandes que otros. Pueden asustar o generarte ternura. Devorar uno, encanta, más de dos, empalagan. En estas fechas donde la carne es prohibida, los deseos más pecaminosos aparecen y los huevos siempre son bienvenidos.

Al principio no quería ni probarlos, con el tiempo empecé a tener curiosidad y ganas, ahora simplemente: me encantan. El huevo de mil formas es delicioso, pero con chocolate y sorpresa, es mejor. Sin duda los huevos de pascua son tradicionales y encantan a más de uno.
Terminó la Semana Santa y apareció el curioso conejo, acompañado de huevos grandes y llamativos, en muchos casos fabricados de chocolate. Lo que la mayoría de personas que no somos tan letrados en temas religiosos, nos preguntamos: “¿Los huevos tienen alguna relación con la fe católica?”

¿Por qué se regalan huevos?
Esta vieja costumbre se remonta a varios siglos atrás y simboliza la vida y la fertilidad, ahora entiendo por qué profeso tanto amor a los huevos.

Los huevos de pascua también tienen significado en la celebración cristiana: la resurrección de Jesús. En aquella época la iglesia no aconsejaba el consumo de huevos durante la Cuaresma, pero como las gallinas son ajenas a normas religiosas, seguían “haciendo su trabajo” y como tirar huevos hubiera sido un pecado, no quedaba más remedio que guardarlos. Así, el domingo de Resurrección se convirtió en el “festín del huevo”. La algarabía volvía al pueblo cuando los huevos eran ofrecidos en cestas coloridas. Con el tiempo se mantuvo la costumbre de celebrar la Pascua consumiendo y regalando huevos pintados de colores y considerados objetos muy preciados.

Entre regalos y huevos estos días han sido de reflexión y por alguna razón, nuestros amigos y familiares abruptamente en los días de Semana Santa se transforman en devotos penitentes y sufridos procesionarios, cuando en el resto del año solamente han pisado una iglesia por alguna celebración de boda que aseguraba tomar en exceso y gratis.

Si pidiéramos explicaciones de esta conducta a algún religioso, seguramente nos diría que es obra y voluntad del Señor, pero a mí se me antoja otras series de respuestas, por ejemplo, la hipocresía con la que vivimos, aquella que ya terminó y todos podemos seguir siendo las lacras de siempre.

¿Cuántas personas que salen de rezar y van criticando de cómo estaba vestida tal fulana, o si el cura hizo o no tal gesto, si al pastor se le fue la paloma con lo que explicaba? ¿Cuántas personas después de rezar van directo a la cantina o a lugares pecaminosos? “El que reza y peca, empata”. La vida se resume en eso.

Después de dejar la hipocresía de lado, orar y hacerme la cucufata y “santa 2017”, me pregunto algo: ¿Qué pasa el resto del año?… irónica y lamentablemente, se permite la pedofilia, la infidelidad, los abusos de poder, las estafas, el enriquecimiento ilícito, la maldad, el clasismo, el racismo, la intolerancia, la envidia. La lista sigue, así que mejor comamos más huevos.

En estas y todas las fechas, dame más huevo, sin son grandes, mejor…. Por cierto: ¿Dónde está mi huevo?