Fecha: 18 de abril, 2017 - 5:25 am

Reflexiones de la Semana Santa

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Jesús estaba anunciando a sus apóstoles en repetidas oportunidades que resucitará al tercer día de su muerte; por supuesto, nadie que le oía, entendía. ¿Quién sabe cuándo morirá? Solo Jesús. ¿Cómo se siente una persona al saber la llegada de su muerte? Quizá por esa razón, en su última oración, Jesús suda como gotas de sangre y ora: “Padre, si quieres aleja de mí este cáliz de amargura; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya” Luc, 22,42.

Cuando a nosotros nos pica una insignificante hormiga, hacemos alardes de dolor y nos vengamos matando al insecto hasta convertirle en nada entre nuestros dedos. Sin embargo, Jesús, ha soportado las flagelaciones en su desnudo cuerpo, que los verdugos le propinaban con odio. Soportaba las gruesas espinas que se hundían en el cuero cabelludo. También, las trompadas, bofetadas, los gruesos y toscos clavos de metal que penetraban con rudeza sus manos y pies. El ingreso de la ruda lanza por su costado. Encima, el carguío de gruesa madera que formaban una cruz en ascenso al cerro donde encontraría la muerte.

Jesús, no solo no se quejó de los dolores físicos, tampoco condenó a sus agresores; al contrario, pidió a su Padre, los perdonen, porque simplemente, no sabían lo que estaban haciendo. ¿Usted y yo, reaccionaríamos igual?

La grandeza de Jesús se deslumbra en el infinito y le coloca en el atrio celestial junto a su Padre Dios y a la luminosidad del Espíritu Santo.

La ignorancia humana fácilmente condenó a Jesús. El hecho de no entender que Él es Rey de la humanidad, por ser el único hijo de Dios convertido en hombre de carne y hueso, la muchedumbre alborotada orienta su decisión a su muerte, sin examinar los favorables sucesos precedentes que hizo durante el recorrido por diferentes comunidades aledañas a Jerusalén. No, eso no cuenta. Entonces, tampoco cuenta necesariamente el viejo adagio de que “la voz del pueblo es la voz de Dios”. ¿Tuvo razón esa muchedumbre, al votar a favor de Barrabás y en contra de Jesús? ¿Hubo una pizca de delito en los actos de Jesucristo, para que sea condenado a muerte? Fue una decisión aberrante ante cualquier razonamiento humano. Sin embargo, al parecer, el protocolo de la pasión, el sufrimiento previo, los pasos que debían de darse, hasta la misma muerte, ya estaban en los designios de las circunstancias de la vida de la humanidad, trazados por el Señor, para hacernos ver a nosotros mismos, como un espejo gigante, de la forma cómo nos comportamos, ajusticiando y asesinando a un justo, dejando libre a los corruptos, a los delincuentes. ¿Quiénes fueron los juzgadores? ¿Fueron personas justas, buenas, sin delitos? Fueron jueces religiosos que sobornaron masivamente a Judas para que le entregue al Señor. Esas personas que corrompen fueron las que juzgaron y asesinaron a Jesús, a un justo. Pero, ¿ese acto de ajusticiar al justo y beneficiar al delincuente, solo se dio en esa época? ¿Hemos aprendido la lección y ahora juzgamos a los delincuentes y respetamos a los justos? Al parecer, nuestra torpeza humana va en incremento imparable, porque no solo después de más de dos mil años hacemos igual, premiando a los delincuentes, sino peor, porque no solo la masa de eruditos de funcionarios hace esas barrabasadas, ahora cosas peores de corrupción hacen los mismos presidentes de la república, quienes fueron elegidos por votación y voz del pueblo, al que se supone deben rendir pleitesía y máximo respeto, traicionando abiertamente su confianza; es decir, cometiendo: “Traición al pueblo, traición a la patria”

Al parecer, con las experiencias de la inundación en el tiempo de Noé; de la quema de las ciudades de Sodoma y Gomorra, donde han perecido las personas que no obedecieron la voluntad de Dios; en esta oportunidad, el Señor Dios ha decidido, acudiendo a su inmensa misericordia, buscar la salvación de su pueblo incrédulo, enviando al salvador, su propio hijo, de carne y hueso, quien es la luz, la verdad y la vida, para que viendo los Milagros humanos, el pueblo pueda creer y tome de una vez, la valiosa decisión de convertir su vida desordenada en una vida santa, llena de amor y alegría. Para variar, lo primero que hizo el hombre, fue matar a quien viene trayéndole el camino de salvación. Quien tiene oídos, que oiga, quien tiene ojos, que vea. Quien tiene corazón, que se convierta y goce de la voluntad del Señor. Estas son algunas reflexiones de ésta inolvidable Semana Santa.