Fecha: 17 de marzo, 2017 - 5:41 am

…A río revuelto

juegodetronos

…ganancia de fujigolpistas. Ese sería tal vez el más apropiado colofón para el conocido refrán frente a las continuas tentativas del fujimontesinismo en el Parlamento nacional para tirarse abajo al gobierno democrático del Presidente Kuczynski, utilizando convenientemente las armas que su espúrea mayoría le da en el Congreso, y aprovechando sin el menor escrúpulo los desastres naturales que se vienen produciendo para tratar que el Ejecutivo dé marcha atrás en la realización de un evento de la importancia y magnitud de los Juegos Panamericanos del 2019.

Como bien se ha señalado, tal pretensión -respaldada interesadamente por el corrupto alcalde de Lima Metropolitana, Luis Castañeda- no tiene el menor asidero económico, ni moral, pues se sabe que los fondos que las arcas públicas tienen como reserva para estos desastres y sus consecuencias materiales y sociales, triplican el presupuesto de los Panamericanos. Y esto, si bien lo saben perfectamente los fujimoristas, es lo que tratan de utilizar para confundir a la población, con el argumento falso que el dinero para la infraestructura de los juegos debe utilizarse en los desastres.

Para el fujimorismo sería un triunfo en su política nefasta y antinacional que los juegos se frustraran, pues si bien para el 2019 ya habrán pasado las supuestas motivaciones para suspenderlos, el partido del narcofascismo tendría desde ahora un motivo para acusar al Presidente Kuczynski de incapaz, entre otras lindezas y seguir adelante con su siniestro plan de vacar al Presidente, para lo cual ya están intentando derribar al primer vicepresidente y Ministro de Transportes, Martín Vizcarra, censurándolo por supuestas irregularidades en la construcción del aeropuerto de Chinchero, debilitando así, en el caso que lo censuraran, la estructura misma del frágil edificio que alberga nuestra democracia.

Es prioritario que el Ejecutivo y la Comisión Organizadora de los Panamericanos amplíe su cobertura de difusión y denuncie públicamente el doble juego del fujimorismo, ahora aliado con el Apra y con el presidente de la CONFIEP, el empresario minero Roque Benavides Ganoza, quien ha sido la punta de lanza para llevar a cabo esta sucia jugada que no tendría más efecto que hacernos quedar en ridículo ante la comunidad internacional y que el Perú sea visto en adelante como un país no confiable en sus compromisos, aparte, por supuesto, de contribuir a debilitar aún más la ya menguada imagen del Presidente, debido a la percepción ciudadana -alimentada por la oposición antidemocrática- de falta de decisión en sus acciones.

La falta de escrúpulos de los fujimoristas intentando aprovechar la desgracia de miles de personas afectadas para ganar réditos políticos ha sido patente en la región Lambayeque, donde el inefable y servil Becerril no ha tenido el menor empacho ni vergüenza-como lo demuestran los testimonios gráficos- en utilizar camiones cisterna con agua para algunas familias afectadas, que llevaban gigantescos carteles con la frase “Becerril trabaja”. Esto es sólo un botón de muestra de cómo actúa y siempre ha actuado el fujimorismo en nuestro país, desde 1990, en que Alberto Fujimori fue elegido como presidente en la segunda vuelta contra Mario Vargas Llosa.

En aquella oportunidad, el que luego sería el dictador más corrupto en la historia del Perú, utilizó también la desesperación en la que se encontraban sumidas miles de familias peruanas como resultado de la hiperinflación a que nos habían conducido las desatinadas políticas económicas del gobierno aprista en su primer período, prometiendo falsamente, como ya es costumbre en la política del “miente, miente, que algo queda” del fujimorismo, que él arreglaría la terrible situación sin recurrir al sinceramiento de la economía, o, lo que en términos populares se denominaba el “shok” económico.

Por supuesto que mintió, pues no había otra solución que sincerar la economía para estabilizar al Perú, lo que ya había sido advertido por Vargas Llosa con total honestidad y sin tratar de engañar a los peruanos. Fujimori y sus partidarios hicieron de la mentira y la confusión mediática un arma poderosa para perpetrar el autogolpe del 5 de abril de 1992. Continuaron mintiendo cuando el líder terrorista Abimael Guzmán fue capturado por el GEIN de la Policía Nacional, mientras Fujimori se encontraba pescando plácidamente en un río de Iquitos y su secuaz Montesinos estaba muy ocupado extorsionando narcotraficantes.

Sin embargo, mintieron descaradamente atribuyéndose la captura del terrorista más buscado del Perú y mezquinando el rol esencial que cumplió este grupo policial que fue formado a pesar del desinterés de Fujimori y Montesinos. Esta política de la mentira y la confusión es la misma que vienen llevando a cabo en el Congreso, donde, aprovechando la mayoría que tienen debido a la antidemocrática “cifra repartidora”, siguen las directivas que emanan de la hija del dictador, autoerigida en su sucesora. El fujimorismo debe ser denunciado en todos los foros como el movimiento político más dañino para la Democracia y el desarrollo del país.