Fecha: 10 de enero, 2017 - 8:58 am

Los mensajes de los Reyes Magos

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Los tres reyes magos, sin previa coordinación entre sí, tienen a la vista a la misma estrella, a la que simultáneamente siguen con la misma fe. En nuestros actuales tiempos ¿quién representa la estrella?: Indudablemente Jesús, el hijo de Dios hecho hombre. Los reyes magos fueron avisados que deben seguir la luz de la estrella para conocer al Rey de los Judíos. ¿Nosotros somos avisados para seguir la Luz de Cristo para estar cerca de Él y conocerle? Los reyes magos no han puesto objeciones de ninguna naturaleza para hacer tan histórica travesía. ¿Nosotros ponemos peros cuando alguien nos prende el foco que da la luz que conduce a Cristo?

“Por entonces unos sabios de oriente se presentaron en Jerusalén, preguntando: ¿Dónde está el rey de los judíos que ha nacido? Hemos visto su estrella en el oriente y venimos a adorarlo” (Mateo 2, 1-2). La información ha sido clara, que “ha nacido el rey de los judíos”. ¿Dónde nace un rey? Por supuesto que en la ciudad. ¿En qué tipo de habitación? En un palacio. En aquel entonces, en la ciudad de Jerusalén se encontraba el palacio del rey, entonces, el rey de los judíos recién nacido se encontraría en aquel inmenso palacio. Sin embargo, “Al oír esto, el rey Herodes se alarmó y con él toda Jerusalén”. Se presume que los reyes magos se mirarían absortos de incredulidad, que llegaron a preguntar del rey de los judíos en la casa equivocada.

Se habrán hecho interrogantes interiores: “¿Qué pasó? ¿Por qué venimos aquí? ¿Por qué el rey Herodes convoca a los jefes de los sacerdotes y a los maestros de la ley, para preguntarles dónde tenía que nacer el Mesías? “¿Cómo se explica que viviendo ellos aquí no sepan nada del nacimiento del rey de los judíos?; en cambio, nosotros viviendo tan lejos hemos sido avisados que el nacimiento del Mesías sería en éste pueblo”. ¿A nosotros nos pasa igual? Que viviendo en el pueblo no sepamos lo que allí ocurre. Muchas veces, los acontecimientos familiares se conocen primero afuera, por los vecinos, después se entera la mamá y al final el papá. Al parecer, damos mayor atención a las ocurrencias ajenas que a las nuestras; es que mucho miramos y estamos preocupados en la paja del el ojo ajeno y no nos fijamos de la viga que nosotros llevamos en los ojos. Estamos muy ocupados en tratar de encontrar mínimas falencias en el vecino, sin detenernos un instante en observar los tremendos defectos que llevamos a cuestas.

Bueno, Los maestros de la ley le informan al rey Herodes: “En Belén de Judea, pues lo dejó escrito el profeta: Y tú, Belén, tierra de Judá, ciertamente no eres, la menor entre las ciudades principales de Judá; porque de ti saldrá un jefe, que será pastor de mi pueblo, Israel” (Mateo 2, 6). De seguro el rey Herodes pensó: “¿Cómo va nacer un nuevo rey si yo soy el rey? ¿Cómo va nacer un rey en Belén si es un pueblo muy pequeño? En todo caso, ese llamado rey nacería en la ciudad de Jerusalén; pero, en ese caso, no podrían haber dos reyes juntos para un solo pueblo” Entonces, ante tamaña encrucijada, “Herodes, llamando a parte a los sabios (Reyes magos), investigó con exactitud el momento en que había aparecido la estrella”.

En ese momento urde el plan de su ardorosa venganza contra el supuesto rey intruso y les hace el encargo a los reyes magos: “Vayan (a Belén) e infórmense bien sobre ese niño; y, cuando lo encuentren, avísenme para ir yo también a adorarle” (Mateo 2, 8). Herodes expresa total carencia de fe, porque no cree en toda la información recibida hasta este instante; de creer, se iría a Belén junto a los reyes magos, con seguridad de su propósito, por supuesto no a adorarlo, sino a matarlo, como mandó matar a cientos de niños tres días después el 28 de diciembre.

¿Dónde encuentran los reyes magos al niño? En un pobre pesebre. Imaginémonos un rey en un humilde pesebre ¿Usted y yo hemos nacido en ese nivel de pobreza? Aquel modesto nacimiento, es el reflejo de cómo debe ser nuestro corazón humano, humilde como el pesebre donde nació el Rey de reyes.

Los reyes magos fueron “advertidos en sueños que no regresaran donde estaba Herodes”, por eso “regresaron a su país por otro camino” (Mateo 2, 12). ¿Usted y yo hemos sido advertidos que no regresemos por el mismo camino que nos conduce a la maldad? ¿Somos obedientes a esa advertencia?, o seguimos ofuscados en nuestra vida mundana llena de pecados.